Volver a Canfranc

Por pura casualidad estando de vacaciones en el Pirineo Aragonés, se celebraba en Jaca la XVIII edición de la Feria del libro. Con el fin de golismear el ambiente e inculcar a las pequeñas de la familia el interés por los libros y la lectura nos acercamos a la ciudad jaquesa a dar un paseo y comprar algo impreso en celulosa. Varios puestos representando a algunas editoriales y librerías de la zona ofrecían todo tipo de lecturas e incluso actividades para niños. Pero solo fue la casualidad la que nos permitió descubrir en esa misma calle Mayor de Jaca a Rosario Raro, autora que promocionaba su última obra "La Huella de una Carta". Fue un placer acudir al Ayuntamiento a escuchar los detalles de cómo Rosario construyó su novela y sobre los recursos que utiliza para crear los personajes. Una persona cercana, accesible y capaz de transmitirte todo su entusiasmo por la escritura. Pero hoy no voy a escribir de su último trabajo, voy a escribir sobre Volver a Canfranc, anterior obra de la autora de Castellón que le permitió hacerse un lugar en los escaparates de todas las librerías.

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Yo el 27-S votaré NO A LA INDEPENDENCIA.

En Cataluña el próximo 27 de septiembre nos piden a los catalanes que ahora debemos elegir entre seguir formando parte de España y Europa o sin embargo, independizarnos de todo lo que significa avance y prosperidad. Yo desde luego votaré NO A LA INDEPENDENCIA de Cataluña.

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Los ayatolás del fútbol

=&0=&n la fotografía, un Tango Rosario del 78. Fué el balón Oficial del Mundial de aquel año y Adidas quiso ponerle nombre de baile Argentino por la gran tradición futbolística del país sudamericano. En resumen: un conjunto de 20 pedazos de cuero, cosidos entre sí y que debe su forma esférica al aire que alguien introdujo por una pequeña válvula. Este objeto tan simple, es el mayor instrumento jamás creado para movilizar masas y dinero por partes iguales. Tamibén se emplea como arma política para defender intereses de partidos políticos o para distraer a la plebe como hacían los romanos con la lucha de gladiadores. Circo y pan para así distraernos de la crisis que está cayendo. De pequeño yo tuve un balón idéntico al de la foto, al que hidrataba y sacaba brillo con grasa de caballo y un trapo seco, pero sin embargo, haciendo memoria soy incapaz de recordar cuándo fue la última vez que vi un partido de fútbol –a excepción del  mítico España vs Holanda del mundial-. Sí recuerdo que cuando tenía 6 ó 7 años era del Barça y que me gustaba ser portero. Mis ídolos por aquel entonces eran Arconada y Zubizarreta. En el colegio era el deporte por excelencia, y sólo el baloncesto le robaba algunas horas al recreo. Desde entonces, ya han pasado unos cuantos años y mi afición por el futbol es totalmente nula. Obviamente no vivo aislado del mundo y suelo enterarme del final de la liga o algún partido importante, pero realmente, desconozco todo lo relativo a fichajes millonariamente obsvenos, entrenadores deslenguados y clasificaciones de la liga. Podríamos decir que soy totalmente lego en la materia e incluso que he venido de Plutón y he aterrizado en un planeta desconocido al que le gusta practicar un deporte donde 22 tipos le dan patadas a un balón. Esta posición me otorga una visión muy especial y objetiva que me sirve para analizar no sin cierta frialdaz, cuan lamentable es el estado del deporte rey en España y cómo me alegro de no perder horas y horas siguiéndolo. Voy a hablar de mi experiencia de volver a ver fútbol casi 30 años después, a través de dos partidos muy recientes que fueron la final de la Copa del Rey y del partido de ida de la semifinal de la Champions. Un Madrid-Barça siempre es noticia y la expectación que genera es apabullante. Yo, que ni me gusta el futbol ni soy de ningún equipo, me vi arrastrado a ver la final de la Copa del Rey. Y digo que no soy de ningún equipo porque no siento los colores, pero sí es verdad que siempre preferiré que gane un Barça o un Madrid que un Manchester. Es la teoría de conjuntos aplicada al fútbol: mejor uno de casa que buno de fuera. Si la pugna es entre equipos españoles, tiendo a tomarle cariño a los débiles. En un David contra Goliat, siempre suelo apoyar a David. Quizás peco de idealista aunque a partir de ahí, que gane el que mejor juego haga y más oportunidades de gol genere. Pues bien, explicado esto, estoy dejando claro los motivos por los que me gustó la final disputada entre el Barça y el Madrid en la Copa del Rey. Un partido equilibrado, limpio y con oportunidades de gol para ambos equipos. El Barça con su habitual control de la posesión del balón y el equipo de los blancos con su rápido y enérgico contra-ataque.  Finalmente ganaron los madrileños y los que perdieron, presentaron su cara más elegante ante la derrota. Todo deporte y educación. Yo que soy de Plutón pensé: ahora entiendo a estos terrícolas que se desviven con las quinielas, que van a la fuente de las Canaletas y que disfrutan yendo al Santiago Bernabeu. Alentado por ese partido, y también por la envidia sana que me provoca ver disfrutar tan apasionadamente los partidos a miles de personas, me animé a ver otro partido Barça-Madrid –este mes hay cuatro- pero esta vez es el de ida a Madrid de la semi-final de la Champions. El ganador que se decida en el partido de vuelta en Barcelona se enfrentará al Manchester en la final. Y ayer, inocentemente y sin previo aviso, tuve que enfrentarme a los motivos que supongo me hicieron abandonar este deporte hace tantos años. Un partido lento, violento, sin apenas ocasiones de gol, con faltas cada 3 minutos…Lamentable. Sólo los dos fantásticos goles de Messi –especialmente el segundo- salvaron casi 2 horas perdidas y mal empleadas de mi vida. No voy a realizar una crónica del partido, pero si voy a quejarme de lo que no hablan los periódicos. Se me agolpan las preguntas… ¿Es habitual que los entrenadores aparezcan más en pantalla que los propios jugadores? Más allá de la profesionalidad de cada uno o del estilo, hay unas formas, un saber hacer y una educación que por encima de todo –incluso del futbol- deben hacer gala esas personas que saben son ejemplo para muchos, en especial los niños. Entrenadores que se despachan a gusto soltando tacos en las ruedas de prensa antes las cámaras y en cuanto tienen un micrófono delante excusándose de su mal juego o de lo que podían haber ganado. ¿Y los jugadores son ejemplo de algo? Cortes de manga en el terreno de juego o lanzar balonazos contra las gradas de los hinchas contrarios para celebrar un gol, luchar como gladiadores por un balón con los pies por delante y sin ninguna posibilidad de jugar la pelota, escupiendo a la hierba como animales… ¿Qué tipo de periodismo se está adueñando de los medios? La1, la tele de todos, es pública y la pagamos entre todos, y al ser de ámbito nacional se debe a todas las comunidades autónomas. Aquellos que retrasmitieron la final de la Copa del Rey, posiblemente serían del Madrid, del FC Barcelona o del Athlétic o vete a saber de qué rayos de equipo eran, puesto que sus palabras y su retrasmisión, irradiaban pura objetividad. Nos lo deben y la profesionalidad que demostraron debe estar por encima de sus emociones: aplacada. Pero el partido de ayer, que era retransmitido por TV3 y que también es pública pues la pagamos todos los catalanes, fue emitido íntegramente para los seguidores del Barça y los ciegos. En Cataluña no todos somos del Barça y otros como yo, además no somos de ninguno, pero queremos ver fútbol. Y también queremos que las voces que acompañan las imágenes correspondan con lo que vemos. Negar evidencias antes los espectadores y transformar la realidad para moldearla a tu gusto para favorecer a tu equipo es digno de expulsión si fuera fútbol o de suspenso si estuvieran estudiando. Este es el tipo de periodismo que desata fanatismos y enfrentamientos que hacen de este deporte un espectáculo politizado y estúpido. ¿Es normal que los seguidores ganadores del partido de ayer llenaran La Rambla de las Flores en Barcelona o se lanzasen a las calles con las banderas y los pitos? ¿Acaso han ganado algo? En definitiva, sólo apto para descerebrados y aburridos humanos que utilizan este deporte para dar rienda suelta a su lengua durante todo el día y empinar el codo antes, mientras y después del partido. Sino de otra manera no se entiende. Y da lo mismo si es de un equipo o de otro, el despropósito es de las mismas proporciones. Yo mientras todo esto no cambie, me vuelvo a Plutón con mis cosas para quizás, volver de aquí a otros 30 años.
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