Leche caliente

Mi degenerada visión de la vida -que con la edad va a peor- me provoca cierta mueca cuando tomé por primera vez el tocho de hojas encuadernadas de “Leche caliente”. Risitas a parte, y terminado el libro, sigo sin saber a qué diablos viene el título. Porque aunque haya disfrutado intensamente de la lectura de una de las obras más conmovedoras que haya leído, no comprendo a qué hace alusión Deborah Levy cuando tituló así a su obra. Quizá solo buscaba que mentes como la mía fueran reclamadas como anzuelo, pero realmente no lo necesita. Y más que probable, un título como “Agua templada” hubiera sido más acertado. Bueno, me da igual, el argumento y cada una de las páginas de la novela son pura delicia. Prepara tus sentidos, pues los van a despertar. Y a agitar.

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