The Wire

Hasta hace seis meses, The Wire para mí simplemente era una serie interesante que debía ser vista. Había leído hacía cuatro años “Homicidio, un año en las calles de la muerte” y me prometí ver la serie que estaba dirigida por el mismo escritor que el libro: David Simon. Las calles de Baltimore, detectives, asesinatos y muchas historias rotas representadas ahora en imágenes durante cinco temporadas con sus sesenta capítulos podían ser una extensión de un libro que me encantó y que quería prolongar en este caso The Wire. He leído que muchos críticos especializados han concluido que es la mejor serie de la historia. Y llevan razón.

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Yo el 27-S votaré NO A LA INDEPENDENCIA.

En Cataluña el próximo 27 de septiembre nos piden a los catalanes que ahora debemos elegir entre seguir formando parte de España y Europa o sin embargo, independizarnos de todo lo que significa avance y prosperidad. Yo desde luego votaré NO A LA INDEPENDENCIA de Cataluña.

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Un trago antes de la guerra

Mi relación con Dennis Lehane comenzó un domingo por la noche cualquiera hace un mes y medio. Fue culpa de una película titulada "La Entrega". Un film basado en una de sus novelas y cuyo argumento me atrajo nada más verlo: En Brooklyn cada vez que hay partidos de fútbol Americano, un bar es elegido para recibir todo el dinero de las apuestas ilegales. Pero algo se tuerce una noche y alguien roba en un bar toda la recauadación y alguien se enfada mucho. Pero mucho. He comenzado mintiendo, puesto que en realidad, de Dennis ya había visto las también grandes Mystic River, Gone Baby Gone y Shutter Island. Trío de peliculas basadas también en su obra escrita y de gran calado. La Entrega, que es una película francamente buena, despertó en mi el interés sobre este Irlandés cuya saga literaria parecía encajar en mis gustos. Y vaya si lo hizo.

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Homicidio, un año en las calles de la muerte

Me resulta interesante observar en la playa a los bañistas con sus caras escondidas detrás de los libros. Al refugio de la sombrilla o a pecho descubierto al calor del sol, entre chapuzón y chapuzón, los lectores devoran las páginas. Emparejar la personalidad del lector con el autor o el título del libro es un ejercicio refrescante y estimulador, y fue así como “Homicidio, un año en las calles de la muerte” de David Simon me sedujo.

A mi juicio, alguien en la sesentena que lee una novela negra en la playa, lo hace por verdadero interés. Deduzco también que es un lector no casual, pues el grosor del libro, a más de uno le tiraría para atrás, y el esfuerzo hercúleo que supone avanzar en sus casi 700 páginas de dolor y miseria humana, requiere de cierta experiencia en la temática. Pensé, que si el punto de libro había superado el 50%, aquel lector embadurnado en bronceador estaba disfrutando y sabía lo que leía. No es la primera vez que me pasa, aquella joven con aires intelectuales leyendo en topless boca abajo, me llevó a Tokio Blues. Y aquella otra pareja que alternaba el juego de palas con la lectura hace unos años, me llevó también a El Origen Perdido. read more

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Wye Oak

Quizás porque son de Baltimore, o por su sencillez, o por sus videos en Youtube, o por sus pegadizas melodías, o por ser poco conocidos o por su frescura. Me faltan conjunciones coordinadas para explicar por qué Civilian, el último trabajo de Wye Oak, gira y gira sin parar en mi iPod.un video en directo en un balcón en Amsterdam. En esa ocasión, sólo necesité un puñado de acordes para darme cuenta de que estaba ante algo grande. El video es conmovedor: un atardecer en la ciudad de los tulipanes, el viento sacudiendo el pelo de Jenn Wasner, un tímido Andy Stack que por vergüenza o falta de costumbre no mira a la cámara y Civilian poniendo banda sonora a casi 4 minutos de éxtasis. Imagino fuera del alcance del objetivo de la cámara, un par de cervezas tibias en un pequeña mesa a sus pies, quizás algún cigarrillo languideciendo en un barato cenicero, y sus maletas de viaje aún sin deshacer sobre las camas de un céntrico hotel. read more

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