Mine

Once again I have repeated the same mistake: trust in book covers. A seductive cover photo, some good recommendations by writters or magazines and a hint of engaging plot is enough so I start reading what is supossed a thriller novel. Try to avoid reading books described like «Page-turning», «Thrilling» or «Sinister». Is vaguely impossible to resist the temptation. But just starting to read you can realize that it is about somehting pretty different. But despite of that, you still try, you still give a chance and finally you find that have read more than the 30% of the book. Tha magical figure from I decide to give up or keed reading. And that milestone was more difficult to me than others, because «Mine» is not bad, but not as good as I expecter either. So I decided to continue till the end and close the novel of J.L. Butler with a little dissapointing taste. The number of pages are too much to suit the simply plot and it is basically bored. Some plot turns are too easy to predict and others too weird trying to put some pieces not needed but trying to mislead and confuse the reader. But this effect is a clear lack of ideas giving a leak of sense.

In oppositive side and truth be told, the book emanates some good vibes and tics that seems interesting for me, as luxury lives, barristers, someone missing and probably dead, sex and London. But I still thinking that it is not worth the more than 400 pages.

Homecoming

Sin duda volver a ver renacer a Julia Roberts, aunque sea en la pequeña pantalla, entrañaba un aliciente extra a la serie. Que Homecoming lo estrene Amazon resultaba una interesante apuesta más que la compañía de las cajas marrones está depositando sobre sus clientes para empujar su plataforma de video. Que ya sabemos que su apuesta es fuerte desde hace tiempo, y uno incluso podría prescindir de Netflix o HBO como plataformas a poco que pueda resistirse. Pero es que Homecoming tiene ese punto rarete que tanto me atrae y que parece imantarme irremediablemente: gusto por la estética, de contar las cosas por partes y gustar de una banda sonora inquitante. En cierta manera los guiños DavidLyncherianos están presententes y son percibidos subliminalmente con gran frecuencia, pero atrevido que soy, mejorando incluso el producto final. Porque aquí, todo cuadra.

Dicen que las series de muchas temporadas y muchos capítulos han muerto. Que lo que se lleva ahora es una sola temporada y de entre seis y diez capítulo de a hora por cada. Y Homecoming desde luego se ciñe al dedillo. Mejorando la longitud de una película donde muchas veces incluso tres horas no dan lugar a explicar todo o a familiarizarse con los personajes, las cinco o seis temporadas con veinte capítulos te hipotenca medio año incluso si te pones en serio. Así que esta nueva fórmula, pues me encaja. Si además, te encuentras con un hilo argumental bien definido, una actuación sublime -hablo de la Roberts- y una filmación que prácticamente es un experimento audiovisual, pues prácticamente tocas el cielo. Muy muy recomendable.

Stranger Things tercera temporada

A ratos no sé si estoy viendo una película para niños, a ratos de frikies, a ratos de cine fantástico del bueno. Todo envuelto con un olor dulce, pop y colorido ochentero que nos tiene a todos encandilados. La tercera temporada de Stranger Things es si cabe igual o mejor que la primera, dejando a la segunda, que era buena, en el peor puesto. Comparativamente hablando, claro. Ahora, los protagonistas han crecido, levantan un par de palmos del suelo desde que rodaron los primeros capítulos hará tres años, pero no han perdido ni un ápice de personalidad. Carecen ahora de algo de inocencia, lógico por un lado, para convertirse en aventureros atrevidos que tutean a los azotamentes y los demogorgons. Esta tercera es más trepidante, más ochentera, más completa y más alucinante. El guión continúa rozando la perfección con un ritmo que va de menos a más hasta hacerte saltar de la silla en sus dos últimos capítulos. Solo ocho, qué rabia. Todo queda abierto y preparado para una cuarta temporada y seguro que Netflix ya la estará masticando.

El invierno de Frankie Machine

A Don Winslow lo tenía clasificado como un autor especializado dentro del género negro, como un escritor muy implicado con la mafia por sus escritos relacionados con el cártel. Muy muy vinculado a la usura, la corrupción y los ajustes de cuentas. Lo que no sabía era que se le daba tan bien escribir, que dominaba el lenguaje y los sentimientos a semejante nivel y que podría incluso -y ojo que me va a doler decirlo- llevar a tutear a Michael Connelly cuando se pone duro. Con El invierno de Frankie Machine, Don me ha abierto una puerta a un mundo que no me inspiraba afección pero que destapa ahora un enorme interés, especialmente consultando su exitosa trayectoria y dedicación.

Frank es un tipo que lleva una vida tranquila y ordenada, si tener exmujer, novia, hija y un negocio de pescado en la costa de San Diego fuera poca cosa a sus 62 años. Su pasado como mafioso donde se granjeó la fama de tipo implacable queda muy lejos cuando surfea por las mañanas al amanecer. Ahora muele y tuesta sus propios granos de café y le gusta escuchar a Giacomo Puccini al despertar. Pero la Bohème queda interrumpida cuando alguien le pide un favor que le lleva sentirse en la cuerda floja constantemente desde casi la página primera. La extorsión a políticos, las deudas pendientes entre usureros, mafiosos del juego, proxenetas y demás purria con la que trató en su pasado, ahora quiere rendirle cuentas.

El ritmo de la novela es algo irregular moviéndose entre lo lento y lo más lento en algunos puntos, y lo ligero y potente en otros para desbocarse al final casi como una exhalación. La lentitud aquí es bien entendida, dando a la novela un caminar pesado y sedoso con una escritura densa describiendo los entresijos de las personalidades de unos y otros con un detalle mimado. Lecciones de vida hay un buen puñado entre conversaciones de mafiosos y honestos y son también precisamente esas píldoras de sabiduría las que hacen grande a Don. Y esto que digo no es poca cosa.

The Last: novel

Pouring in a pot Walking Dead series with Ten little niggers novel and shaking tough, you will obtain a very interesting result: The Last. This novel comes trying to add some extra ingredients such a living isolate, the end of the world due to nuclear bombs and a crime unresolved. It is an step forward putting humans in an oppresive ambient and reaching their limits but no doubt Hanna Jameson knows how to catch our eye using a direct writting style and a very deep introspective characters.

The book was read fast and no very important lacks of pace, maybe unnecesary repeated information about all murder clues or neededless details abput plast lifes of some of the players but truth be told, this is the book of the summer. Sure.

Dead to me

¿He leído Christina Applegate? No, debe se otra cosa, algo que se parece. Alguna actriz con nombre parecido, o quizá si el apellido lo leí bien, la hija o la nieta incluso. Lo reviso nuevamente; diablos, pero si es ella: la boca con el labio superior afilado, los ojos de tigresa, y ese cuerpo. Ese cuerpo que lucía adolescente en Matrimonio con hijos ahora ya es un Gran Reserva, pero es ella.. ¿A ver de qué va la serie? Va de maridos muertos, de dinero, extravagancias, engaños y un montón de cosas más con las que disfruto un montón. Todo aderezado con una pizca de calor en la costa oeste americana para crear un entorno más que ideal para mis gustos terrenales. Aún no he mencionado el nombre de la serie: Dead to me. Perdón.

A Christina Applegate, en la serie Jen, le han atropellado y matado a su marido. Quien lo hiciese, cobarde, huyó de la escena sin prestar auxilio. Entonces en un grupo de ayuda para la pérdida de seres queridos -y otras cosas-, conoce a Judy, un chica especial que le ofrece su ayuda con el fin de superar entre ambas el dolor que padecen. Al parecer Judy también ha perdido a su marido. Y es a partir de ahí, que nada es lo que parece y todo se diluye. La relación que desarrollan las dos es pura dinamita, en la que a pesar de que no hay relación amorosa -sorpresa, no son lesbianas-, la química y el aura que les envuelve es escandalosamente atractivo.

Por su ritmo, por su estilo, por la elocuencia de algunos de sus giros, Dead to me es una serie que con sus pocos diez capítulos atrapa diabolicamente dejándote con un sabor dulce al final de cada entrega. Y como queremos más, Netflix ya ha anunciado que la segunda temporada caerá sí o sí. Ya cuentos los días.

Los lobos de Praga

Que ya he explicado en varias ocasiones que a mi lo de la Edad Media no me va. Que prefiero escritos contemporáneos que cuenten historias de ahora. Actuales. Pero de vez en cuando, llevado por un argumento insólito, una ubicación que me despierta interés o algo tan insignificante como un buen título, voy y pruebo. Y «Los lobos de Praga» creo que tenía un poco de las tres cosas, por eso me atreví a empezarlo. Lo que sucede es que si lo empiezas, lo terminas prácticamente del tirón.

Esto va de un alquimista tocado por una barita mágica de la suerte allá por los 1600s en Praga. En la época de Rodolfo el emperador, cae en gracia a unos y otros, y es encumbrado sin mucha explicación a un puesto de cierto poder. Temiendo siempre su caida estrepitosa, nuestro protagonista cautelarmente se ve envuelto bajo las faldas de una y otra sin quererlo hasta verse apurado. Se le contrata para investigar unos crímenes y acaba descubriendo cosas que nunca imaginó.

Benjamin Black -su seudónimo para estas lides novelescas-, escribe con un gusto exquisito. Puro, elaborado y elocuente. También es propenso a andarse por las ramas y abusar algo de repeticiones argumentales, pero se le permite pues el ritmo que impone su pluma es colosal. Hasta el punto de verse sumergido en las entrañas de la ciudad paseando por sus calles en la oscuridad de la noche y perseguido por muchos miedos.

Absolutamente Heather

Absolutamente Heather es un libro rápido, corto y potente. Se lee en un par de tardes puesto que es delgadito y se lee con mucha ansia. Es de esas novelas que basan su intriga instalando un mal pálpito en el lector, un presagio que se huele desde la primera página y que culmina casi en la última página. Para ello, el Sr. Weiner nos acerca a la vida de una persona muy afortunada, y una muy desgraciada. Los detalles de una y otra vida nos conforman sus razones y sus destinos, sus miserias y sus deseos íntimos para que poco a poco se encuentren para desenlazar como he dicho abruptamente.

En términos generales no es una novela que aporte gran valor, ni por su prosa ni por su historia, pero sí plasma en negro sobre blanco las realidades ajenas que tan lejanas nos parecen a nuestros ojos. Es reflexivo y drástico, es también posiblemente desgarrador. Pero sobretodo siento que le faltan páginas. Que se nos brindase al lector la posibilidad de ahondar en los pozos de los personajes y así conformarnos un mayor universo. Unas veces me quejo de la extensión de unas obras, y otras de su escasa longitud, como es este caso.

Nuestra casa en el bosque

Raro es el día que no pienso en dejarlo todo y salir corriendo. Me refiero a huir de las ocho horas delante del ordenador, del tráfico, de la sociedad egoísta y de las aglomeraciones vayas donde vayas. Debes irte bastante lejos para dejar atrás las filas de coches, las colas en las tiendas y los compañeros estúpidos en la oficina. Tan lejos como irse a vivir a un bosque. Una idea radical que por imposible resulta tan sugestiva como para escribir un libro. Un libro basado en la experiencia de Andrea Hejlkov, quien con su marido y sus cuatro hijos deciden escapar de sus trabajos y buscarse la vida en el bosque. Allí, construirán su futuro al amparo de la belleza y la naturaleza con cuatrocientos euros al mes, ayuda que reciben del gobierno danés por sus cuatro hijos.

Si la idea de Andrea era construir un mundo mejor para su familia y vivir con lo mínimo, se podría decir que fracasó. El propósito original si era ese, se vio abortado por el conjunto de problemas que supone irse a la de Dios con cuatro hijos. Problemas económicos, de decisión, de planificación, y de mil cosas más. Casi roza, si no da de pleno, con algo que yo me atrevería a llamar irresponsable. Si el propósito hubiera sido más realista y hubiese sido irse a vivir a las afueras, lejos del mundanal ruido a una casa en una urbanización tranquila apenas sin vecinos y por cuatro duros -si no regalado gracias a alguna amistad-, entonces vale. Objetivo cumplido.

Y es que por mucho que nos pese, la sociedad en la que vivimos y el mundo en el que nos ha tocado vivir, no está tan mal como para irse a vivir con un taparrabos. Puedes hastiar las redes sociales, pero acceder a Internet para informaciones y gestiones importantes. Puedes aborrecer las colas en los hospitales, pero los necesitas si tienes un quiste en el útero. Puedes detestar a tus vecinos, pero necesitarles para construir tu casa. al final, la evolución del ser humano -responsable original y supuestamente- nos ha llevado a un mundo donde vivimos cómodos y con las necesidades cubiertas. El café, el chocolate o el tabaco están ahí en los estantes de los supermercados, de todos los colores, sabores y formas. Hacer que esos productos sean un lujo de una vez al año es realmente osado y ridículo. Pero consumirlo con moderación, con apreciación y gusto, es un ejercicio que depende de uno mismo. Y ese es el aprendizaje que me llevo, que a pesar de todo, podemos hacer cosas por este mundo sin aspirar a grandes cambios, pero que mejoran la calidad de vida de uno y de los otros. Vivir a la tuya lejos de las leyes, de las obligaciones escolares y laborales… es un acto de irresponsabilidad hacia tu familia y que incluso puede poner tu integridad en riesgo.

Definitivamente es un libro obligado, bien escrito y eficaz. Si después de leerlo te quedas igual, tienes un problema conmigo. En realidad tú eres el problema de los muchos que tratamos de mejorar nuestro entorno social y nuestro ecosistema. Es que es de cajón.

Reina Roja

Pocas veces puedo empezar a escribir sobre un libro describiéndolo como uno de los mejores que han pasado por mis manos en los últimos meses. En términos generales su calidad es buena sin ser excelente, su argumento atrapa sin arrancarte las uñas, su ritmo es bueno sin dejarte sin aliento, su prosa es ágil y protagonista pero sin hacer historia…pero es una novela de aquellas que tiene ese algo que te deslumbra. Que te hace sentir que estás ante algo especial. Es el libro que me hubiese gustado escribir a mi.

Desde luego, y para empezar, lo primero que hay que reconocerle a Juan Gómez-Jurado es lo bien que se gana a los lectores a través de sus protagonistas: Una mujer menuda con una inteligencia superior a la media, y un policía homosexual fortachón en horas bajas. Todo lo que gira alrededor de ellos es grosería, maldad y misterio. Pero ellos sobreviven creando sus mundos ajenos y sufriendo su propio dolor. Pero no se rinden.

Juan tiene un estilo ligeramente provocador, actual, directo y -con perdón- jodidamente fresco. Lleno de recursos, agilidad, compadreo, pero también con un punto barrio-bajero, macarra y socarrón. Es digno de alabanza por abrir prácticamente un estilo propio y transgresor que fulmina a base de celulosa la tradición y el chavaquerismo de algunos escritores en boga.
Historias paralelas que transcurren en el mismo momento, personajes que se cruzan, que entran y salen, capítulos de cuatro párrafos, ritmos que se quiebran y mucho misterio. Todo empaquetado al ritmo de mambo con una tercera parte endiabladamente rápida que te deja sin yemas en los dedos al pasar las páginas.

También quiero destacar que el escritor me ha vuelto a arrancar alguna sonrisa delante de un libro, que ya es difícil con la rancio que soy. Y de lo castizo que resultan algunas escenas en Madrid y sus barrios y lo brutote de los de Bilbao. Que de acostumbrado a leer escritores de lengua no hispana como que he agradecido leer las miserias propias. Con los brazos abiertos, Cicatrices… espérame que voy.