Absolutamente Heather

Absolutamente Heather es un libro rápido, corto y potente. Se lee en un par de tardes puesto que es delgadito y se lee con mucha ansia. Es de esas novelas que basan su intriga instalando un mal pálpito en el lector, un presagio que se huele desde la primera página y que culmina casi en la última página. Para ello, el Sr. Weiner nos acerca a la vida de una persona muy afortunada, y una muy desgraciada. Los detalles de una y otra vida nos conforman sus razones y sus destinos, sus miserias y sus deseos íntimos para que poco a poco se encuentren para desenlazar como he dicho abruptamente.

En términos generales no es una novela que aporte gran valor, ni por su prosa ni por su historia, pero sí plasma en negro sobre blanco las realidades ajenas que tan lejanas nos parecen a nuestros ojos. Es reflexivo y drástico, es también posiblemente desgarrador. Pero sobretodo siento que le faltan páginas. Que se nos brindase al lector la posibilidad de ahondar en los pozos de los personajes y así conformarnos un mayor universo. Unas veces me quejo de la extensión de unas obras, y otras de su escasa longitud, como es este caso.

Nuestra casa en el bosque

Raro es el día que no pienso en dejarlo todo y salir corriendo. Me refiero a huir de las ocho horas delante del ordenador, del tráfico, de la sociedad egoísta y de las aglomeraciones vayas donde vayas. Debes irte bastante lejos para dejar atrás las filas de coches, las colas en las tiendas y los compañeros estúpidos en la oficina. Tan lejos como irse a vivir a un bosque. Una idea radical que por imposible resulta tan sugestiva como para escribir un libro. Un libro basado en la experiencia de Andrea Hejlkov, quien con su marido y sus cuatro hijos deciden escapar de sus trabajos y buscarse la vida en el bosque. Allí, construirán su futuro al amparo de la belleza y la naturaleza con cuatrocientos euros al mes, ayuda que reciben del gobierno danés por sus cuatro hijos.

Si la idea de Andrea era construir un mundo mejor para su familia y vivir con lo mínimo, se podría decir que fracasó. El propósito original si era ese, se vio abortado por el conjunto de problemas que supone irse a la de Dios con cuatro hijos. Problemas económicos, de decisión, de planificación, y de mil cosas más. Casi roza, si no da de pleno, con algo que yo me atrevería a llamar irresponsable. Si el propósito hubiera sido más realista y hubiese sido irse a vivir a las afueras, lejos del mundanal ruido a una casa en una urbanización tranquila apenas sin vecinos y por cuatro duros -si no regalado gracias a alguna amistad-, entonces vale. Objetivo cumplido.

Y es que por mucho que nos pese, la sociedad en la que vivimos y el mundo en el que nos ha tocado vivir, no está tan mal como para irse a vivir con un taparrabos. Puedes hastiar las redes sociales, pero acceder a Internet para informaciones y gestiones importantes. Puedes aborrecer las colas en los hospitales, pero los necesitas si tienes un quiste en el útero. Puedes detestar a tus vecinos, pero necesitarles para construir tu casa. al final, la evolución del ser humano -responsable original y supuestamente- nos ha llevado a un mundo donde vivimos cómodos y con las necesidades cubiertas. El café, el chocolate o el tabaco están ahí en los estantes de los supermercados, de todos los colores, sabores y formas. Hacer que esos productos sean un lujo de una vez al año es realmente osado y ridículo. Pero consumirlo con moderación, con apreciación y gusto, es un ejercicio que depende de uno mismo. Y ese es el aprendizaje que me llevo, que a pesar de todo, podemos hacer cosas por este mundo sin aspirar a grandes cambios, pero que mejoran la calidad de vida de uno y de los otros. Vivir a la tuya lejos de las leyes, de las obligaciones escolares y laborales… es un acto de irresponsabilidad hacia tu familia y que incluso puede poner tu integridad en riesgo.

Definitivamente es un libro obligado, bien escrito y eficaz. Si después de leerlo te quedas igual, tienes un problema conmigo. En realidad tú eres el problema de los muchos que tratamos de mejorar nuestro entorno social y nuestro ecosistema. Es que es de cajón.

Reina Roja

Pocas veces puedo empezar a escribir sobre un libro describiéndolo como uno de los mejores que han pasado por mis manos en los últimos meses. En términos generales su calidad es buena sin ser excelente, su argumento atrapa sin arrancarte las uñas, su ritmo es bueno sin dejarte sin aliento, su prosa es ágil y protagonista pero sin hacer historia…pero es una novela de aquellas que tiene ese algo que te deslumbra. Que te hace sentir que estás ante algo especial. Es el libro que me hubiese gustado escribir a mi.

Desde luego, y para empezar, lo primero que hay que reconocerle a Juan Gómez-Jurado es lo bien que se gana a los lectores a través de sus protagonistas: Una mujer menuda con una inteligencia superior a la media, y un policía homosexual fortachón en horas bajas. Todo lo que gira alrededor de ellos es grosería, maldad y misterio. Pero ellos sobreviven creando sus mundos ajenos y sufriendo su propio dolor. Pero no se rinden.

Juan tiene un estilo ligeramente provocador, actual, directo y -con perdón- jodidamente fresco. Lleno de recursos, agilidad, compadreo, pero también con un punto barrio-bajero, macarra y socarrón. Es digno de alabanza por abrir prácticamente un estilo propio y transgresor que fulmina a base de celulosa la tradición y el chavaquerismo de algunos escritores en boga.
Historias paralelas que transcurren en el mismo momento, personajes que se cruzan, que entran y salen, capítulos de cuatro párrafos, ritmos que se quiebran y mucho misterio. Todo empaquetado al ritmo de mambo con una tercera parte endiabladamente rápida que te deja sin yemas en los dedos al pasar las páginas.

También quiero destacar que el escritor me ha vuelto a arrancar alguna sonrisa delante de un libro, que ya es difícil con la rancio que soy. Y de lo castizo que resultan algunas escenas en Madrid y sus barrios y lo brutote de los de Bilbao. Que de acostumbrado a leer escritores de lengua no hispana como que he agradecido leer las miserias propias. Con los brazos abiertos, Cicatrices… espérame que voy.

Verdades Olvidadas

Ayer precisamente leí un artículo de prensa en el que se escribía sobre la última novela de Juan Jose Millás titulada La vida a Ratos. Y es que a modo de diario, el escritor madrileño -o Valenciano- nos cuenta la realidad observada desde su singular perspectiva y en la que el protagonista es un personaje muy cercano al escritor pero sin ser él. Es lo que el propio autor en otras ocasiones describe como una historia novelada. O una novela historiada. Por eso me convenzo que muchas novelas basan su argumentación en experiencias que han nutrido al autor y que han servido seguro como hilo conductor acaso como inspiración. Es el caso de la nueva novela de Andrés Oller, en la que mediante su vivencia y su primera persona del singular, nos hace llegar Verdades Olvidadas, un novela que combina una historia de superación personal con la desilusión corrompible de la sociedad que nos ha tocado vivir. Una sola historia con dos hilos conductores de alto voltaje.

Verdades Olvidadas empieza rompiéndose para ir reparándose capítulo a capítulo. Utiliza ese recurso que tan buenas sensaciones siempre aporta al lector, combinando dos realidades paralelas que comparten algo común , en este caso una tragedia. Un camino transcurre desde los ojos de la víctima y otro contrapuesto por el del agresor; un accidentado, y alguien que causa un accidente y huye. Esto que se cuenta rápido y en apenas tres o cuatro capítulos, sienta una base para construir de ahí en adelante una trama que salpicará a un político de alto cargo y a un joven con un futuro que truncará su carrera como deportista.

La narración corre directa y efectiva durante buena parte de la obra para encallarse durante el segundo tercio, arrastrado quizá justificadamente para terminar casi de forma abrupta como muchas de las novelas del género negro. Cuando se destapa el misterio, el interés queda herido de muerte, por lo que muchos autores prefieren acabar con eso lo antes posible. Los capítulos son cortos, muy cortos, generando mucha interrupción (más cortos incluso que en Reina Roja de Juan Gómez-Jurado, que ya es decir). No obstante destaca una buena estructura y un orden que ayuda a mantener las ideas claras al lector y no perderse.

No hay lugar a dudas de que con esta segunda entrega, Andrés Oller ha refinado su estilo y creado una obra fresca y que atrapa; bebiendo del tirón literario que supone Barcelona y de la situación política del país. Actualidad en estado puro.

La autoedición, la publicación en internet, la era de la comunicación y las chuches literarias que colman el Internet, son un caldo de cultivo excelente para proyectar a todos aquellos que llevamos un escritor que lucha por salir. El escenario actual es una gran oportunidad para permitir que podamos expresarnos utilizando cualquiera de los medios disponibles y así darnos a conocer a los demás de forma exponencial. Es una experiencia que sin lugar a dudas, nos ha permitido ahondar en lo más profundo de Andrés y que de otra manera no habría lugar. Un trabajo elaborado y de gran dedicación en la que el autor ha alcanzado una madurez con mucha proyección. Buen trabajo también el de Caligrama, con una maquetación y presentación de nota.

Sesión Nocturna

Sorprende la capacidad creativa de Michael Connelly. Es una fuente de generación de contenidos de calidad que parece no tener fin. Y ya no solo literariamente hablando, es que la serie de Harry Bosch estrena hoy además su nueva quinta temporada con un empuje máximo. Pero volviendo a su filón escritor, además ahora nos sorprende con una nueva saga a su colección de obras con una nueva protagonista: Renée Ballard. Una detective de la policía de Los Ángeles que tras un encontronazo con su superior, es destinada al turno de noche como castigo por la traición. Ese turno de noche le generará mucha frustración al no poder dar continuidad a los casos cuando llega la mañana y ser entregados a sus compañeros. Pero esta noche será distinto: cinco personas son asesinadas a tiros en una discoteca por un solo hombre, y un homosexual recibe una paliza hasta casi la muerte. Estos casos desconectados y su fuerte crueldad harán que Ballard se emplee a fondo en su tiempo libre para hacer justicia.

Sin ahondar en el perfil psicológico de nuestra protagonista, Michael nos descubre el alter-ego de Harry Bosch con quizá demasiada desfachatez. Son personajes que comparten demasiados quizás, como que necesitan hacer justicia arrasando todo lo que encuentran a su paso, son directos y pedantes, no tienen vida personal y no han tenido una infancia normal. Son ambos personajes semejantes compartiendo muchos rasgos profesionales también. Son lobos solitarios que nadan contra-corriente. Contra el sistema, contra compañeros corruptos, con conflictos con sus compañeros, con conflictos contra el mundo. Ojalá Ballard fuese más diferente a Harry, que aportase algo nuevo y femenino, pero no es el caso. Seguimos con la misma línea de máxima calidad y compromiso con la novela policíaca y que sigue la senda del resto de su obra. Si Michael se abriese a profundizar en las personalidades de sus personajes seguro me arrastraría con más fuerza, pero podría traicionar a muchos de sus lectores, que buscan algo rápido y con gancho de derechas. Y de eso el Connelly sabe latín.

LOVE tercera temporada

Prácticamente tres años después, retomo la tercera temporada de LOVE con relativa emoción. La segunda temporada fue tirando a regular, básicamente puesto que la primera era insuperable. La tercera entonces había que tomárselo con cautela y no demasiadas expectativas, con la ilusión de volver a la senda de las buenas secuencias de carcajada, de dolor profundo y del despertar cultural de la costa oeste americana.

Lamentablemente, esta última temporada viene a continuar la línea de una segunda que nunca pudo seguir el ritmo de calidad impuesto por un arranque de serie de lo mejor de los últimos tiempos. Ahora, los capítulos se suceden retorciendo el espíritu de los creadores, que desorientados y perdidos, disparan a golpe de guion mediocre.

Pienso que la serie se concibió como una prueba de fuego para esa primera temporada y que los creadores lo dieron todo sin guardarse nada para después. Como los discos que arrancan con tres o cuatro temas buenos y luego dejan para la segunda mitad la mediocridad. Pues parece que cuando Netflix les renovó la segunda y tercera temporada, a los guionistas les pilló sin ideas y eso es un poco el sentir que el espectador puede observar.

No obstante, Gus y Mickey siendo siguen un poderoso imán que atrae con igual fuerza como lo hacían al principio. Han madurado algo y eso en esencia les hace perder ese atrevimiento que les caracterizaba, pero siguen siendo motor y estímulo.

StartUp

Las casualidades llevan a personas de distintas culturas y distintas vidas a trabajar en equipo para tratar de poner en marcha una empresa tecnológica y forrarse. Esto, que ya es mucho, incluye a un policía corrupto, a un haitiano pandillero, a una informática hacker y a un niño de papá con aspiraciones. La mezcla ecléctica, da un resultado sorprendente cuando además se envuelve de la humedad y del sol de Miami. Las interpretaciones son creíbles, la fotografía excelente, el guion sin apenas peros y el reparto de gran calidad.

No se qué tiene Ron Perlman que me engatusa. Su fuerte carácter unido a su singular aspecto estrafalario combinan dos cualidades muy interesantes. Ya lo vimos en otra serie de Amazon -véase Hand of God- y con la edad su carisma aumenta. De Martin Freeman poco malo que decir también, aunque desaparece poco a poco hasta marchar sin despedirse en la segunda temporada. Quizá la entrada de Ron en esta segunda temporada no dejaba sitio a tanto ego, o a la chequera.

Las tres temporadas dan para mucho, y a pesar de que son diez capítulos por cada una, cunde bastante. Es de esas series que no me apetece compartir con nadie, es un tesoro para mi. La cuarta temporada no queda descartada, aunque están que si sí, que si no, haciéndose los productores y los otros los interesantes, pero yo diría que acabará entrando. Amazon sabe que tiene un filón y sabrá aprovecharlo.

Donde los hombres llevaban sombrero

Justo cuando me decido a escribir sobre “Donde los hombres llevaban sombrero”, es cuando descubro que esta novela es prácticamente una extensión de “La ciudad de las mentiras”. Ambas mantienen un fondo histórico y político con fuertes tintes de intriga y espionaje, pero las ubicación geográfica se plantea en la primera entrega en el Tánger de los años 40 dando testimonio a una relación entre dos personajes que se reencuentran en “Donde los hombres llevaban sombrero”.  Ahora, diez años después en La Habana, estas dos personas comparten protagonismo con una tercera para crear un triángulo de conspiraciones que suponen un punto de inflexión en sus vidas.

Una novela que se cocina a fuego lento apoyándose en los romances y la situación política en Cuba, para desplazarse a gran velocidad en su segunda mitad cuando es secuestrada la hija de la familia Bacardí. La relación de nuestros personajes con la policía cubana, el presidente, la mafia italiana que domina la isla y el fondo comunista que amenaza el poder, formarán un complejo panorama que atrapa con fuerza al lector.

Iñaki Martínez escribe con solvencia una obra en la que tiende puentes entre las relaciones personales y la política sin aburrir, y entre la novela histórica y el espionaje sin empalagar. Sorprenden las expresiones y locuciones isleñas y la capacidad para describirnos la vida en aquellos años 50 en un país que en muchos aspectos ha quedado atrapado en su pasado como una joya que no supera sus problemas con orgullo. Iñaki consigue como pocos, hacerme cerrar el libro con nostalgia por dejar Cuba, y poder dejar atrás la vida de los personajes; el vínculo que consigue dibujar es tan fuerte como para echarlos de menos. Realmente, hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo.

Es de obligado que “La ciudad de las mentiras” acabe en mi mesilla de noche más pronto que tarde y así descubrir con detalle algunas de las piezas que sin ser clave, seguro que cerrarán las heridas abiertas que nos llegan en “Donde los hombres llevaban sombrero”.

God of war

Después de mucha expectación y un buen puñado de años desde que Kratos nos dejó con su última entrega Ascensión, vuelve como si fuera a la gran pantalla a todo lujo. Unos gráficos máximo exponente de la nueva generación de consolas, un doblaje excepcional, un guion sublime, un ritmo trepidante y unos diálogos elaboradísimos. Con guiños a los anteriores títulos de la saga, esta nueva obra de arte es algo menos intensa, algo menos violenta y sin las tradicionales escenas puntuales de ñaca-ñaca, pero es más largo, más emocional, más visual y más profundo. Kratos tiene más de humano que nunca, y la relación con su hijo Atreus da lugar a momentos muy especiales. Va a ser verdad que estamos ante si no el mejor, uno de los títulos que marcan el punto de inflexión en los videojuegos. Un antes y un después que empequeñece títulos que brillaban tan solo hace media docena de meses, y es que jugar a según qué, después de disfrutar God of war, te deja muy frío.

En el mar

El mar visto desde la tierra siempre me ha seducido. El mar visto desde el mar quizá más aún; con su profundidad, sus olas y mareas, y la soledad de quien navega en él. Puede que acabe como un proyecto frustrado, pero siempre ha sido mi deseo poder salir a mar abierto con un velero en solitario y alejarse de la costa en busca de silencio. Pero el mar también alberga peligros y esa misma soledad que ahora me resulta atractiva, puede convertirse en una pesadilla, como la de nuestro protagonista de En el mar. La historia de un hombre que huye de su trabajo, de la oficina y compañeros, para surcar los mares desde Dinamarca a Holanda en busca de respuestas a su crisis personal. En ese viaje, Toine Heijmans nos detalla con exquisito conocimiento en la materia, las exigencias del mar. De los términos y vocablos propios del lenguaje náutico pero vestidos con una historia potente y profunda. De reflexión y contrastes que nos permitirán formar parte de ese viaje desde el sofá. Con él descubriremos los secretos de los viejos lobos de mar y de los que se quedan en tierra sufriendo por ellos, cuando parten.