ipod3Me río de los que afirman haciéndose los interesantes, que un vinilo suena mejor que cualquier MP3. Qué risa. ¿Mejor? Diferente seguro, pero en qué sentido mejor: ¿en nitidez?, ¿en graves o agudos?, ¿en fidelidad de reproducción? ¡Qué pavada! Seguro que lo afirman tipos con pelos largos, gafas, bigotes y huelen a tabaco. En algo les doy la razón, y es que saborear un álbum con el plástico en la mano, la súper  funda-carátula y sentado en mi butacón orejero no tiene precio. Pero ¿acaso no se puede hacer lo mismo con mi iPod? Procuraré centrar mi discurso en buscar la necesidad de disfrutar la música al pormenor, de poco en poco y con buen sonido. Necesariamente tiene que ser así, y no de otra forma, puesto que las bondades de almacenamiento de nuestro reproductores de 4, 8, 16 o 160 GB no es cuestionables versus un vinilo. La cara A y la cara B han muerto.

Aceptados estos puntos de entrada, hablaré de mi nueva adquisición: iPod nano 4a generación. Ya tenía el de la 1a generación, pero mucho ha llovido desde entonces y las mejoras son sustanciales. Después de mucho luchar contra los reproductores de la marca Californiana, he sucumbido y no hay nada más dulce. Al enemigo por el que tenía al iTunes, resulta que somos como hermanos y venero todas sus funciones. iTunes + iPod son un binomio sensacional que me aporta lo necesario para no echar de menos el olor al vinilo. Tengo lo que necesito y más, puesto que con 8GB y mis CDs originales ripeados a 320kbps, puedo tener un porcentaje muy elevado de mi discografía personal en el bolsillo pequeño de mis jeans. Y no, no me lío buscando un autor o un álbum, especialmente éste último, con la opción <Cover Flow> que permite moverte por los discos de forma horizontal viendo pasar las carátulas a modo de dispensador giratorio de kiosko. Moviendo el dedo al compás de la música, me recuerda mis años jóvenes rebuscando en las tiendas de discos. Es una experiencia mágica sin lugar a dudas. Me resulta curioso incluso, escuchar el álbum en el iPod y tener el disco compacto en la mano escuchándolo con la misma calidad.

Si a todo esto sumamos la gran cantidad de accesorios que disponemos para el artilugio de Apple, nos encontramos con la solución perfecta. Ahora escucho lo último de Sade en la oficina con mis auriculares, me monto en el coche y al pinchar el iPod sigo escuchando el mismo disco, y cuando llego a casa vuelvo a pincharlo en la dock del equipo de sonido y sigo escuchando. ¿Acaso no es eso magia? Si, hay muchos reproductores de música portátiles más pequeños, con más capacidad y más baratos, pero no son iPod, y ser iPod significa mucho.

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