El invierno de Frankie Machine

A Don Winslow lo tenía clasificado como un autor especializado dentro del género negro, como un escritor muy implicado con la mafia por sus escritos relacionados con el cártel. Muy muy vinculado a la usura, la corrupción y los ajustes de cuentas. Lo que no sabía era que se le daba tan bien escribir, que dominaba el lenguaje y los sentimientos a semejante nivel y que podría incluso -y ojo que me va a doler decirlo- llevar a tutear a Michael Connelly cuando se pone duro. Con El invierno de Frankie Machine, Don me ha abierto una puerta a un mundo que no me inspiraba afección pero que destapa ahora un enorme interés, especialmente consultando su exitosa trayectoria y dedicación.

Frank es un tipo que lleva una vida tranquila y ordenada, si tener exmujer, novia, hija y un negocio de pescado en la costa de San Diego fuera poca cosa a sus 62 años. Su pasado como mafioso donde se granjeó la fama de tipo implacable queda muy lejos cuando surfea por las mañanas al amanecer. Ahora muele y tuesta sus propios granos de café y le gusta escuchar a Giacomo Puccini al despertar. Pero la Bohème queda interrumpida cuando alguien le pide un favor que le lleva sentirse en la cuerda floja constantemente desde casi la página primera. La extorsión a políticos, las deudas pendientes entre usureros, mafiosos del juego, proxenetas y demás purria con la que trató en su pasado, ahora quiere rendirle cuentas.

El ritmo de la novela es algo irregular moviéndose entre lo lento y lo más lento en algunos puntos, y lo ligero y potente en otros para desbocarse al final casi como una exhalación. La lentitud aquí es bien entendida, dando a la novela un caminar pesado y sedoso con una escritura densa describiendo los entresijos de las personalidades de unos y otros con un detalle mimado. Lecciones de vida hay un buen puñado entre conversaciones de mafiosos y honestos y son también precisamente esas píldoras de sabiduría las que hacen grande a Don. Y esto que digo no es poca cosa.

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