Nuestra casa en el bosque

Raro es el día que no pienso en dejarlo todo y salir corriendo. Me refiero a huir de las ocho horas delante del ordenador, del tráfico, de la sociedad egoísta y de las aglomeraciones vayas donde vayas. Debes irte bastante lejos para dejar atrás las filas de coches, las colas en las tiendas y los compañeros estúpidos en la oficina. Tan lejos como irse a vivir a un bosque. Una idea radical que por imposible resulta tan sugestiva como para escribir un libro. Un libro basado en la experiencia de Andrea Hejlkov, quien con su marido y sus cuatro hijos deciden escapar de sus trabajos y buscarse la vida en el bosque. Allí, construirán su futuro al amparo de la belleza y la naturaleza con cuatrocientos euros al mes, ayuda que reciben del gobierno danés por sus cuatro hijos.

Si la idea de Andrea era construir un mundo mejor para su familia y vivir con lo mínimo, se podría decir que fracasó. El propósito original si era ese, se vio abortado por el conjunto de problemas que supone irse a la de Dios con cuatro hijos. Problemas económicos, de decisión, de planificación, y de mil cosas más. Casi roza, si no da de pleno, con algo que yo me atrevería a llamar irresponsable. Si el propósito hubiera sido más realista y hubiese sido irse a vivir a las afueras, lejos del mundanal ruido a una casa en una urbanización tranquila apenas sin vecinos y por cuatro duros -si no regalado gracias a alguna amistad-, entonces vale. Objetivo cumplido.

Y es que por mucho que nos pese, la sociedad en la que vivimos y el mundo en el que nos ha tocado vivir, no está tan mal como para irse a vivir con un taparrabos. Puedes hastiar las redes sociales, pero acceder a Internet para informaciones y gestiones importantes. Puedes aborrecer las colas en los hospitales, pero los necesitas si tienes un quiste en el útero. Puedes detestar a tus vecinos, pero necesitarles para construir tu casa. al final, la evolución del ser humano -responsable original y supuestamente- nos ha llevado a un mundo donde vivimos cómodos y con las necesidades cubiertas. El café, el chocolate o el tabaco están ahí en los estantes de los supermercados, de todos los colores, sabores y formas. Hacer que esos productos sean un lujo de una vez al año es realmente osado y ridículo. Pero consumirlo con moderación, con apreciación y gusto, es un ejercicio que depende de uno mismo. Y ese es el aprendizaje que me llevo, que a pesar de todo, podemos hacer cosas por este mundo sin aspirar a grandes cambios, pero que mejoran la calidad de vida de uno y de los otros. Vivir a la tuya lejos de las leyes, de las obligaciones escolares y laborales… es un acto de irresponsabilidad hacia tu familia y que incluso puede poner tu integridad en riesgo.

Definitivamente es un libro obligado, bien escrito y eficaz. Si después de leerlo te quedas igual, tienes un problema conmigo. En realidad tú eres el problema de los muchos que tratamos de mejorar nuestro entorno social y nuestro ecosistema. Es que es de cajón.

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