Verdades Olvidadas

Ayer precisamente leí un artículo de prensa en el que se escribía sobre la última novela de Juan Jose Millás titulada La vida a Ratos. Y es que a modo de diario, el escritor madrileño -o Valenciano- nos cuenta la realidad observada desde su singular perspectiva y en la que el protagonista es un personaje muy cercano al escritor pero sin ser él. Es lo que el propio autor en otras ocasiones describe como una historia novelada. O una novela historiada. Por eso me convenzo que muchas novelas basan su argumentación en experiencias que han nutrido al autor y que han servido seguro como hilo conductor acaso como inspiración. Es el caso de la nueva novela de Andrés Oller, en la que mediante su vivencia y su primera persona del singular, nos hace llegar Verdades Olvidadas, un novela que combina una historia de superación personal con la desilusión corrompible de la sociedad que nos ha tocado vivir. Una sola historia con dos hilos conductores de alto voltaje.

Verdades Olvidadas empieza rompiéndose para ir reparándose capítulo a capítulo. Utiliza ese recurso que tan buenas sensaciones siempre aporta al lector, combinando dos realidades paralelas que comparten algo común , en este caso una tragedia. Un camino transcurre desde los ojos de la víctima y otro contrapuesto por el del agresor; un accidentado, y alguien que causa un accidente y huye. Esto que se cuenta rápido y en apenas tres o cuatro capítulos, sienta una base para construir de ahí en adelante una trama que salpicará a un político de alto cargo y a un joven con un futuro que truncará su carrera como deportista.

La narración corre directa y efectiva durante buena parte de la obra para encallarse durante el segundo tercio, arrastrado quizá justificadamente para terminar casi de forma abrupta como muchas de las novelas del género negro. Cuando se destapa el misterio, el interés queda herido de muerte, por lo que muchos autores prefieren acabar con eso lo antes posible. Los capítulos son cortos, muy cortos, generando mucha interrupción (más cortos incluso que en Reina Roja de Juan Gómez-Jurado, que ya es decir). No obstante destaca una buena estructura y un orden que ayuda a mantener las ideas claras al lector y no perderse.

No hay lugar a dudas de que con esta segunda entrega, Andrés Oller ha refinado su estilo y creado una obra fresca y que atrapa; bebiendo del tirón literario que supone Barcelona y de la situación política del país. Actualidad en estado puro.

La autoedición, la publicación en internet, la era de la comunicación y las chuches literarias que colman el Internet, son un caldo de cultivo excelente para proyectar a todos aquellos que llevamos un escritor que lucha por salir. El escenario actual es una gran oportunidad para permitir que podamos expresarnos utilizando cualquiera de los medios disponibles y así darnos a conocer a los demás de forma exponencial. Es una experiencia que sin lugar a dudas, nos ha permitido ahondar en lo más profundo de Andrés y que de otra manera no habría lugar. Un trabajo elaborado y de gran dedicación en la que el autor ha alcanzado una madurez con mucha proyección. Buen trabajo también el de Caligrama, con una maquetación y presentación de nota.

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