Sesión Nocturna

Sorprende la capacidad creativa de Michael Connelly. Es una fuente de generación de contenidos de calidad que parece no tener fin. Y ya no solo literariamente hablando, es que la serie de Harry Bosch estrena hoy además su nueva quinta temporada con un empuje máximo. Pero volviendo a su filón escritor, además ahora nos sorprende con una nueva saga a su colección de obras con una nueva protagonista: Renée Ballard. Una detective de la policía de Los Ángeles que tras un encontronazo con su superior, es destinada al turno de noche como castigo por la traición. Ese turno de noche le generará mucha frustración al no poder dar continuidad a los casos cuando llega la mañana y ser entregados a sus compañeros. Pero esta noche será distinto: cinco personas son asesinadas a tiros en una discoteca por un solo hombre, y un homosexual recibe una paliza hasta casi la muerte. Estos casos desconectados y su fuerte crueldad harán que Ballard se emplee a fondo en su tiempo libre para hacer justicia.

Sin ahondar en el perfil psicológico de nuestra protagonista, Michael nos descubre el alter-ego de Harry Bosch con quizá demasiada desfachatez. Son personajes que comparten demasiados quizás, como que necesitan hacer justicia arrasando todo lo que encuentran a su paso, son directos y pedantes, no tienen vida personal y no han tenido una infancia normal. Son ambos personajes semejantes compartiendo muchos rasgos profesionales también. Son lobos solitarios que nadan contra-corriente. Contra el sistema, contra compañeros corruptos, con conflictos con sus compañeros, con conflictos contra el mundo. Ojalá Ballard fuese más diferente a Harry, que aportase algo nuevo y femenino, pero no es el caso. Seguimos con la misma línea de máxima calidad y compromiso con la novela policíaca y que sigue la senda del resto de su obra. Si Michael se abriese a profundizar en las personalidades de sus personajes seguro me arrastraría con más fuerza, pero podría traicionar a muchos de sus lectores, que buscan algo rápido y con gancho de derechas. Y de eso el Connelly sabe latín.

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