Traición

Pensé que si a una novela le otorgaban el premio RBA de novela policíaca de 2018 sería un buen motivo para estrenarme con Walter Mosley. También leo de un tal George Pelecanos postulando a Walter como “Uno de los autores estadounidense más apasionantes e incisivos”. Además, no me canso de admitir que las portadas de un libro son decisivas para vender su contenido, así que Traición se coló en mi vida por la puerta de atrás y casi sin permiso. Trescientas quince páginas después, no todo es oro lo que brilla, a pesar de destacar el amarillo en gran parte de la ilustración de la obra. Una novela de intriga a tirones, de piezas encoladas, de ritmo a bajas pulsaciones por minuto y que en términos generales no tiene mucho de policiaco, tampoco de pasillos de abogados en tribunales ni olor a pólvora. Pero a pesar de todo, tiene algo de todo eso que hace que el viaje haya valido la pena.

Detrás de una novela titulada como “Traición” hay mucha responsabilidad. Es un título con una fuerza descomunal reservada para obras maestras. Es del estilo “Alta Traición”, “Traición en el Pentago”, “La traición de Rómulo”. No sé, algo que vende una historia poderosa en definitiva. Así que abordé la obra con unas expectativas seguramente demasiado altas, pero pronto me di cuenta de que no estaba ante una obra maestra. Me cuesta expresar qué detecté, es algo fácil de oler y difícil de describir. Empezó con un lenguaje demasiado a macho. Con un punto de Brumel, ¿sabes? Luego todo funciona como a tirones. Una frase empuja a la otra y luego nos relajamos. Pero eso dos o tres veces en una misma página.

Luego la historia también es demasiado complicada. Tanto como para perderse entre personajes, muchos de ellos puros elementos de distracción. Humo que sube y sube hasta alcanzar las nubes grises de un cielo plomizo. Así es la historia de un expolicía traicionado por los suyos que busca redención como detective-abogado-pistolero-matón que no cuadra. Con muchos tintes clásicos como el de hombre viejo con malas pulgas, separado por su profesión y con una hija a la que quiere con demasiada afectividad. Escucha jazz, bebe whisky y disfruta siendo mal educado con los desconocidos. Perdona pero todo esto ya lo hemos visto muchas veces, y estamos en 2018, Walter.

Luego la trama es retorcida a más no poder, rozando lo ridículo a cada giro. Nuestro expolicía resulta que también es un ligón y tiene amigos delincuentes que le deben favores. Para terminar con algo bueno, pues hay algunas pinceladas de buena introspección en nuestro personaje principal y alguno secundario, de descripciones que huelen a café y pólvora, momentos en lo que nuestro escritor parece que sabe de lo que habla y un nudo que repunta para darnos algo de aire. Pero no sabría aseverar si eso es suficiente siquiera para recomendar “Traición”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *