LLamada para un muerto

De todas las novelas policíacas o de intriga que reposaban apiladas en la librería, las de John Lecarré parece que resaltaban más que el resto. Una especialmente, que con parte del lomo y la portada en amarillo, se quería venir conmigo. El argumento era atractivo y por descontado, la buena fama precede al escritor, por lo que la elección estaba servida. Luego resulta que ésta era la primera entrega de una saga de seis de un tipo ya entrado en años que trabaja para la inteligencia inglesa. Hablamos de George Smiley en Llamada para un muerto.

La novela promete intriga, secretos y un cadáver. Un agente del departamento de inteligencia aparece suicidado en su casa, aunque alunas cosas no encajan. Smikey, un hombre con experiencia y buena reputación se encargará de averiguar qué diablos realmente pasó. La novela está bien escrita, desde luego; le reconozco buenas construcciones, amplio vocabulario y mejor manejo del lenguaje. El ritmo pega tirones y es poco consistente, perdiendo el interés en los hechos narrados con relativa frecuencia, por lo que el lector acostumbrado al frenesí policial no encontrará aquí su sitio. Este hecho en gran medida se debe a la falta de excepcionalidad del caso narrado. Me refiero a que lo ocurrido transcurre con una pasmosa normalidad casi exasperante. La historia no entrega apenas sorpresa, revelaciones asombrosas ni giros desencaja mandíbulas. Se trata de una historia demasiado simple con hechos demasiado explicados.

Que la novela la escribiese John en 1961 podría ser la causa de mis críticas. No por nada en especial, pero quizá es cierto que nos hemos acostumbrado a ritmos más frenéticos, estilos más apasionados y seguramente -no me avergüenzo en reconocerlo- más sensacionalistas.

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