La mano de Dios

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una serie. Seguramente he comenzado de esta forma más de una vez cuando escribo sobre series, pero no me esconderé. Tiendo a ser muy efusivo y exagerado, pero cuando la ocasión lo merece, pues voy y lo suelto. En este caso, La mano de Dios o Hand of God es puro arte, el séptimo. Y es que Amazon está cubriéndose de gloria últimamente con títulos como este, que rivalizan frontalmente con HBO o Netflix en cuanto a calidad se refiere. La mano de Dios aúna un guión excepcional, un ritmo sosegado pero constante, unas actuaciones de 10 y un conjunto empaquetado excelente. Dos temporadas ya están disponibles con diez capítulos cada una, pero desgraciadamente y según leo, no habrá una tercera. Y eso que el final de la segunda promete.

Que hoy en día todo está regido por los Shares en televisión, por los Me gusta y la dictadura de los retweets ya es innegable. Todo gira a la popularidad y no a la calidad. Es tan triste como cierto, y mucho me temo que La mano de Dios es víctima de este sistema. Víctima de unos guionistas que se ven abandonados por Amazon debido a esta dictadura cruel e implacable. Poco o nada importa que un nutrido pero pequeño grupo de personas adore algo. Si no hay una masa de estúpidos come-mierdas que apoye esto o lo otro, el producto está condenado.

Ron Perlman llena la pantalla, Dana Delany la decora con estilo y elegancia, Garret Dillahunt nos enternece y Julian Morris se apodera de nuestros corazones. Un reparto de escándalo y calidad que interpreta a locos, fumetas, curas o jueces. Religiosos, drogadictos o prostitutas. Todo un elenco servido en caliente que atrapa y no te suelta en una historia tan original como poderosa. Pocas series gozan de tanto originalidad.

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