Bajo la piel

“Bajo la piel” es una novela con sorpresa. Ni la portada ni el primer tercio del libro pueden llevar a pensar al ingenuo lector que luego todo cambiará. Que el argumento girará tanto como para no gustarle. Como en mi caso. A mi ya me parecía bien saber cosas sobre una chica con problemas -ya nos los descubrirán con fuerte parsimonia- que conduce de solo a sol por las carreteras húmedas y frías escocesas en busca de autoestopistas. Pero no de cualquiera, deben cumplir un patrón para ser dignos de ser drogados y llevados a una granja. Lo que sucede luego, se nos oculta hasta bien entrados en la novela. Y para cuando nos lo cuentan, quizá ya es tarde. Sigue leyendo si no quieres que te pase como a mi.

Michel Faber nos toma el pelo pero bien tomado. Y si no quieres saber porqué, deja de leer porque lo voy a soltar. Aquel que comience su obra esperando un thriller, más tarde que pronto descubrirá que en realidad estamos ante pura ciencia ficción. Si, hablo de extraterrestres, naves espaciales y mierdas de esas. Que resulta que nuestra protagonista de pechos voluminosos y cicatrices en rostro y manos, en realidad es un ser de otro planeta que andaba a cuatro patas y que tras diversas y dolorosas operaciones, se hace pasar por una inocente muchacha que rescata autoestopistas en apuros para llevarlos a una nave nodriza y convertirlos en carne exquisita para la gente adinerada de su planeta. Sí, todo muy raro.

El estilo de Michel es ligero, directo y fluido. No se para, aunque vaya muy despacio. Escribe bien el granuja, y sabe embaucarnos de mala manera. Lo más elogiable son sus símiles y la sensiblidad con la que describe algunas emociones. Es todo un artista. Lo que sucede es que el giro argumental desmerece notablemente el buen hacer, diluyendo todo el mérito en una novela muy del montón. Una lástima.

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