Tren nocturno

A Tren Nocturno solo le ha hecho falta contar con una portada de diseño muy atractivo, un puñado de buenas críticas, ser una novela policiaca y mostrar una fotografía de su autor con cara de macarra chungo para atraerme. Bueno, y que el argumento gire en torno a una protagonista detective marimacho que debe descifrar la muerte de alguien que conocía desde pequeña y ser hija de policía. No podía negarme a todo eso.

La chica con cuerpo perfecto, carrera perfecta y novio perfecto aparece muerta desnuda en su casa con un tiro en la cabeza. Luego resultará que no fue un tiro, sino tres. Y luego también resultará que quizá no fuese un suicidio, sino un homicidio. Pero todo está por ver y por eso su padre, un mandamás de la policía, le encargará a la buena de Mike escudriñar en busca una respuesta. Lo que ocurra y lo que se descubra teñirá todo de negro llevándonos a un pozo muy oscuro y profundo. A un gigante pedazo de mierda. Parece que se me ha pegado el estilo de Martin Amis, quien nos desgarra pedazo a pedazo nuestro inocente corazón con una prosa rápida, enrevesada y mordaz. El tipo sabe de lo que habla, y se nota que conoce la oscuridad que habita en las almas de quienes sufren en silencio, con aparentes vidas normales y que rellenan sus huecos con drogas o litio.

En Tren Nocturno, Amis nos llevará al ritmo del piano de Oscar Peterson hasta más allá de las miserias humanas para arrancarnos cualquier esperanza a los ojos de un poli acabado. Acabado pero honesto. Un viaje de muy mal rollo escrito con grandiosidad e imprescindible lectura.

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