LA LA LAND
Stone y Grosling viendo «Rebelde sin causa»

de tiempo. Creo que este récord solo fue igualado por Instinto Básico en 1992. Aquella vez fue en el cine, el día de su estreno. Luego no pude evitar acudir a la misma sala el fin de semana siguiente para volver a ver a la Stone y al Douglas en una película que marcará sus carreras para siempre. Seguramente más para ella que para él, pero obra de culto definitivamente. También fue lo único decente que Verhoeven sacase a la luz. Luego la cinta la he vuelto a vez dos o tres veces más. Suele pasar: cuando algo te gusta tanto como para repetir una vez, suele repetirse más veces. Y La La Land, es una de esas cintas que marca.

Cuando a una cinta la dan premios, quieras o no, a uno le obligan en cierta manera a verla. Que soy de los que poco o ningún caso hacen de esos premios, pero al menos reconozco que me suscita cierto interés. Además, desde mi infancia que los musicales los tenía atravesados: desde West Side Story a Moulin Rouge. Y eso que he intentado corregir ese defectillo que tengo, pero con los musicales nunca he podido. Hasta La La Land… La ciudad de las estrellas.

Para empezar, hay algo que me ha llamado poderosamente la atención: la portada del filme. Endiabladamente premeditada, la pose de los dos actores y el fondo en combinación de colores es realmente sugestivo. Estudiada hasta el mínimo detalle, la cinta goza de una estética imposible de superar. El color, los filtros, focos de luz… por Dios, ¡hasta los contenedores de basura lilas van a conjunto con el bolso! Los vestidos, los cielos, los colores de los coches, las butacas, etc… todo en harmoniosa combinación cromática.

Y da la casualidad que la cinta cuenta con dos actores principales que se encuentran justo en la cresta de la ola. Fantástico Ryan Grosling interpretando un papel que contrasta fuertemente con el resto de su carrera. De hecho, aprendió a tocar el piano –imagino lo justo para la película-, a bailar y a cantar. No hay dobles, 100% Ryan. El personaje que encarna es enamoradizo hasta para el sector masculino: amante del jazz, idealista, rebelde y nostálgico. Y es precisamente este personaje el que me ha arrancado el alma y me ha empujado a establecer un vínculo emocional poco sentido hasta ahora. Creo que en parte, él tiene un 60% de la culpa de que me descubra a mí mismo canturreando City of Stars mientras conduzco. ¡Quiero unos zapatos como los suyos! Y qué decir de Emma Stone. Atractiva, entregada, resuelta y conmovedora en cada plano. El pintalabios rojo, sus ojos azules, su pelo naranja… y el vestido amarillo.

Y de la banda sonora qué no voy a decir. Una delicia para los oídos. De aquellas bandas que disfrutas escuchándola con auriculares mientras paseas y que luego al verla en la película te derrites. Toda ella excepcional, quedándome prendado de “Another Day of Sun” que abre la cinta entre coches atascados en una autopista, y la versión de “City of stars” que candan a dúo delante del piano la Stone y el Gosling.

Ciudad de las estrellas es un musical. Pero es mucho más: es una historia conmovedora. De amor y desamor. De valores, de romanticismo musical y artístico. De pasión por aquello en lo que crees y de sus consecuencias. Es de lo mejor que nos ha dado el cine en muchos años.

 

 

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