la_caja_negra_300x454Continúo con la obra de Michael Connelly y su colección de libros de Harry Bosch. En este caso con “La caja negra”. Penúltima entrega escrita en 2012 donde Harry continúa investigando y reabriendo casos sin resolver. Nuevas tecnologías, nuevos puntos de enfoque o la aparición de nuevos testigos, ayudará al casi jubilado inspector de policía de Los Ángeles a cerrar un asesinato cometido 20 años atrás. Durante los disturbios raciales de los noventa que pusieron en jaque a todo un país.

Quizá porque ya no tengo veinticinco años, la obra de Michael ya no me parece tan sobresaliente. Quiero decir que el paso de los años me hacen ser más crítico con su escritura y sus últimas obras siento que a pesar de su indudable calidad, no son tan destacables como pensaba. He leído y leo de todo, pero desde que descubrí el gusto por la lectura siempre he incorporado sistemática y devotamente los libros de Harry. Significa que mis gustos han ido cambiando y creciendo durante estos años para ahora catar sus novelas desde otro prisma. Ya no me conformo con que sus historias sean buenas o trepidantes. Ahora quiero historias bien hilvanadas, consistentes. También bien escritas. Que me aporten algo que no sea solo la historia. Y ahí es donde creo que Michael me esta fallando. Un poquito.

Cada novela de Michael es un acierto. Sus libros están llenos de jazz, vidas tristes, burocracia policial, y esperanza. Esperanza gracias a que aún existen personas que respetan la memoria de los muertos, que buscan justicia y que se juegan el tipo –y el cargo- por ello. Ya sabemos que Harry tiene problemas con la autoridad y los procedimientos. Miente si es necesario y se encara con sus superiores si cree tener la razón. También sacrifica toda –digo toda- su vida personal por la profesional, arrastrando siempre a su familia y a sus compañeros de equipo. Su estilo no lo apruebo en muchas ocasiones, y en este libro es donde más lo juzgo. Y donde descubro al Harry que más detesto. No significa que respete a ojos cerrados las normas y que no las cuestione. Tengo mi propio criterio. Significa que Harry se sobrepasa desproporcionadamente, y en ocasiones incluso sin suficiente inteligencia. A veces se puede decir no al jefe, pareciendo que dices sí. Te quitas un problema y puedes seguir con la tuya. Él no pasa ni una. El respeto que tiene por el tiempo de sus compañeros es prácticamente nulo, poniéndoles siempre contra la pared con su jornada y tiempo personal. De hecho, gran parte de libro sucede durante sus vacaciones al negársele continuar con su investigación. Lo detesto.

La historia arranca muy muy bien. Se nota que Michael tiene algún tipo de obsesión con los disturbios raciales de los noventa en Los Ángeles, pues casi no hay libro donde quiera hablarnos de ello. A causa de la locura de esos días y de la falta de profesionalidad de la policía incapaz de dar salida a todos los crímenes que acontecieron, muchos casos quedaron sin resolver –y sin investigar- dejando muertos sin culpables. Veinte años después, se abre una carpeta donde Harry escudriñará la muerte de una periodista danesa aparecida muerta en un callejón con un tiro en la cabeza –en el ojo para ser más concisos-. Lo que parecía un crimen aleatorio fruto de la desesperación y rabia de aquellos días, se convertirá en un caso totalmente diferente lleno de intriga y sorpresa. No puedo escribir mucho sin desvelar acontecimientos, pero sí diré que como suele ser habitual, nada es lo que parece.

Otra de las deficiencias narrativas que encuentro en la escritura de Michael, es la repetición. Con demasiada frecuencia nos proporciona la misma información varias veces, llegando en ocasiones a resultar ridículo. Es bueno remarcar hechos para que el despistado lector pueda cazar detalles importantes, pero otra cosa es tratarnos por tontos. Solo exculparía al escritor, la búsqueda de la reiteración como medio de llevarse al lector al huerto en lo que la historia se refiere. Repetir algo para darle una importancia que luego no la tiene y llevar a error al lector a nivel argumental. O incluso al revés, es decir, repetir algo mucho para darle la suficiente importancia como para que nos quedemos con el detalle y así atar cabos. No sé, pero si no es un recurso narrativo –que no lo veo-, es algo que me molesta.

Harry está convencido de que todos los casos pendientes por resolver cuentan con unaDans_La_Ville_en_Feu “caja negra”. Una caja como la de los aviones que registran todo lo que sucede en un avión y que en un caso de homicidio, es llave de la pista que te lleva a la resolución del asesinato. Si no es llave, es lo que te lleva a ella. Y dar con la apertura de esa caja, es lo que Harry busca. Y lo consigue.

Para terminar, decir que el libro arranca bien –ya lo he dicho-, pero que tiene un segundo tercio bastante lento e insulso, para terminar –como no- con frenesí y resolución magistral. Con todo, sus 300 páginas pasan volando y calan como 100. La portada del libro en su edición en español es oro puro. De las mejores que he visto. En la edición en francés es creo mejor aún.

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