madmaxSi solo fuese una película buena, quizá no escribiría sobre ella. Si fuese muy buena seguramente me esperaría a juntar dos o tres películas más y hablaría de todo el lote. Pero Mad Max Furia en la Carretera es excepcional, y por eso escribo una entrada completa dedicada a ella. No exagero, de verdad. Es una obra de arte más que atesorar en ese pequeño museo de las experiencias que merecen la pena.

Resulta que ahora en el cine se ha puesto en boga el término reboot. La precuela, el refrito o el remake ya es historia, y lo que ahora dicen los críticos que se hace en el mundo del cine es un reboot. Reboot de esto y de lo otro para vendernos la misma sopa pero con distintos colores de sobre. El reboot es muy goloso, puesto que parte de la idea de que aquello que fue una película con unos personajes o una historia, puede ser reinterpretado para hacer algo totalemente nuevo pero basándose en lo mismo. Osea, que no se entiende. El remake respeta la historia e incluso utiliza el mismo argumento y personajes, así que el reboot tiene luz verde y licencia para limpiarse el culo con las películas anteriores. Así cualquiera. Mientras, sagas con gran tradición y seguidores, pueden verse reinterpretadas como les antoje para crear un nuevo producto que sea totalmente diferente pero que pueda beneficiarse de la fama de las anteriores creaciones. Por éste y otros motivos, he sido reacio a ver Mad Max Furia en la Carretera. Pero como soy mente despierta y solo los peces muertos siguen la corriente de los ríos, quise probar.

De Mad Max, la auténtica trilogía, tengo muchos recuerdos. Una saga dura y brutal que auspiciaba el más realista futuro que nos depara. Donde George Miller nos muestra cómo el agua y el petróleo en forma de gasolina serán más valisos que el oro. Y mataremos por ello hasta el último aliento. Que el ser humano, es capaz de mucho y con la desesperación aún más. Así que ya que ahora todo el cine, las series y los videojuegos se abren paso a codazos por hacernos visual lo que ya nos imaginamos del mundo post-apocalíptico, había que hacer un reboot de Mad Max. Pero esta nueva película viene en un momento muy importante. Llega en el momento justo y preciso para triunfar. Para hacerlo a lo grande aprovechando el tirón del video juego con el mismo nombre y para cautivar a muchos que como nosotros amamos el buen cine.

Lo que me llevó especialmente a ver la cinta fue que está dirigida por el mismo George Miller de la trilogía original. Ese hecho es muy importante para mi, puesto que sobre cualquier interés comercial, prevalecerá el criterio de la misma persona que dio a luz una de las mejores sagas de la historia del cine. El reparto también es etiqueta negra con Tom Hardy –me encantó en La Entrega- y Charlize Theron –qué voy a decir de ella-.

No voy a negar que la nueva película es algo distinta a las anteriores. No es tan pausada, y es adrenalina pura en cada uno de los minutos de su metraje. Sin respiro, me he descubierto yo mismo con la mano sudada apretando la funda del sofá y con la boca abierta. Pues no es para menos; el estilo artístico que rije la cinta es sobervio. De una calidad muy ochentera y con luz sobre-expuesta, las escenas con toque irreal no son pocas, dotando al resultado final de un aspecto muy cómic e idealista. Es una obra de arte de cabo a rabo. Me quedo con tres escenas que merecen medalla de oro: La de Imperator Furiosa tomando grasa sucia del volante para pintarse la frente, la de la persecución de vehículos con pértigas y la de las chicas saliendo del depósito del camión para beber agua y refrescarse.

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