La mujer que no bajó del avión” es un libro que con sólo leer el argumento uno queda ya prendado. Ni que sea por curiosidad: un hombre viaja de vuelta en avión a Barcelona desde Roma. Ya en la terminal de El Prat su maleta no aparece en la cinta. Esperando y esperando, otra maleta da vueltas sin que su dueño la recoja. Cuando finalmente aparece la suya, decide llevársela y ver qué guarda dentro. Bernal es un tipo sin mucho que perder. En realidad, lo ha perdido todo. Su viaje a Roma no fue como esperaba y volver a Barcelona a vivir refugiado en casa de su hermano no era muy esperanzador. Aunque para alguien sin pareja ni hijos, ni trabajo ni vivienda… una maleta puede resultar demasiado goloso.

La_mujer_que_no_baj_del_avi_nDe Empar Fernández he escuchado algunas cosas buenas. Éste no es su último libro, pero de leer buenas críticas de “La última llamada” me he querido atrever con el argumento del que más me interesaba. Y yo, amante del género policiaco, pues la historia de Alex Bernal me atrapó. Empar es de Cornellà y tengo entendido que es una asidua de las bibliotecas –incluso hace clubs de lectura-, y eso me ha tocado la fibra sensible. Así que es muy probable que a partir de aquí, todo lo que escriba será muy positivo. Estoy lo que se dice influenciado.

De Empar me voy a llevar dos cosas: la adopción de algunas frases y giros gramaticales muy interesantes, y una historia que te permite sentirte bien leyendo cosas de personas que están mucho peor que tú. Y es que ya es sabido que compararse con los débiles es un acto cobarde y desaconsejado. Pero compararte con los que están mejor que tú es muy estresante. Así que leer sobre Bernal me reconforta. Un tipo que a su edad jamás ha construido nada. Que si apatía, falta de sensibilidad o de iniciativa. En definitiva, un tipo que pasará por este mundo sin pena ni gloria. La vida de Sara o de Raúl tampoco no es para tirar cohetes.

El estilo de escritura ya he dicho que me ha gustado. Sorprende leer algunas expresiones muy refrescantes y socorridas poco habituales. La lectura es rápida y ligera a pesar de que lo mejor del libro ocurre al principio y en el desenlace. Todo lo que ocurre por en medio, es más bien aburrido. Quiero decir que pierde fuelle de forma consistente. Quizá esperaba algo más de misterio en la maleta. Que lo que se encontrase Bernal dentro fuera un diario de alguien deprimido con problemas familiares ciertamente no atrapa. El suspense pasa inadvertido durante buena parte del celuloide. Además, la sensación de urgencia que Emper quiere transmitir al lector con la lectura completa del diario antes de entregarlo a la policía no se sostiene. Existen fotocopiadoras.

Es por eso que he comenzado escribiendo con lo que me he quedado del libro. La sinopsis acaba siendo sólo un buen reclamo. Un artificio. Pero el libro ha merecido la pena por su estilo de escritura y algunas sensaciones humanas que he podido recopilar.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *