La-vida-empieza-hoyNo sé porqué pero todos los escritores que se llaman Douglas me resultan interesantes. Por ser típicamente americano o por recordarme al tan idolatrado Douglas Coupland, cada vez que veo en una tapa un escritor que empieza con Douglas, voy y lo leo. En este caso, el Douglas agraciado es nada más y nada menos que Kennedy. Así entonces, La vida empieza hoy de Douglas Kennedy me llamó. Por su autor y por su sinopsis: ¿Por qué todos soñamos con un cambio en nuestra vida y por qué el cambio siempre se nos antoja una lucha titánica? ¿Por qué construimos nuestra propia cárcel privada–sobre todo, dentro del matrimonio– y luego parecemos incapaces de liberarnos de ella? Y ¿por qué nos asusta tanto esa pregunta: ¿Qué es lo que quiero?

Dicen que si quieres un cambio en tu vida, debes cambiar. No puedes esperar grandes aventuras si continuas con tu rutina diaria. Estos cambios pueden venir sometidos por uno mismo, en busca de felicidad; o pueden venir inesperadamente. Sin buscarlo. La obra de Douglas es una novela seria. Un libro que en cada página te lleva a la reflexión. No es apto para sensibleros y mucho menos para consumidores de lo fácil. Lee La vida empieza hoy, supone un sacrificio para el lector. Su lectura es rápida y fresca, pero dura también. Porque te hace bajar al nivel más infeliz de la vida de las personas. Un infelicidad triste que suele habitar en nuestros corazones y que con frecuencia te hace tomar caminos nuevos. Es el caso de Laura, la protagonista de este libro: infeliz en su matrimonio y trabajando en un hospital buscando bultos cancerígenos en Maine, su vida está sumida en una profunda tristeza. Llora por nada y necesita salir de ese agujero. Sólo sus hijos ya mayores y su amiga Lucy, le arrancan alguna sonrisa y felicidad. Pero algo debe cambiar. Vivir en esa amargura constante en un matrimonio muerto, donde su marido Dan está sumido en un profunda depresión durante varios años, le está desgarrando por dentro.

Un fin de semana, todo cambia. Un simposio técnico sobre detección de cánceres lejos de casa, le llevará a conocer a un hombre que cambiará su vida. Sin buscarlo, Laura descubrirá que la infelicidad que vive, debe aparcarla y abrir las puertas –en varios sentidos- a una oportunidad inesperada.

El libro, está muy bien escrito, y aunque su léxico no es portentoso, sí es muy rico y variado. Douglas se ha esmerado. Su estilo directo lleva al lector a sufrir con Laura su dolor y sentimientos. El final es realista. No estamos ante un cuento de hadas. La vida, no siempre es como queremos, y todo lo bueno y malo que nos sucede, no siempre está bajo nuestro control. Ni siquiera lo más obvio. La cobardía, el conformismo, la rutina, la hipocresía… sustantivos terribles productores de infelicidad para Laura.

He disfrutado mucho con la lectura de la obra de Douglas, ciertamente. Es justo lo que esperaba y lo que necesitaba. Siempre procuro leer obras que me hagan descubrir la vida de las personas. Mirar por la cerradura sin ser visto y descubrir la vida de los otros. No es morbo ni chafarderismo. Es simplemente curiosidad sana que despierta en mí sentimientos como la misericordia, la lástima, la envidia o incluso la rabia. Mirar por ese agujero desde la perspectiva de un lector, ajeno a lo que ocurre, y sin responsabilidad alguna sobre los acontecimientos, me procuran estos libros cierto enriquecimiento personal.

Animado por La vida empieza hoy, he añadido a mi lista de pendientes, El discreto encanto de la vida conyugal también del Kennedy. Seguro que me aportará mucho.

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