Yamaha_SC333No voy a esconder mi interés por la alta fidelidad. No me refiero a la de los matrimonios –muy escasa hoy en día-, sino a la de los equipos de sonido. Quien me lea con regularidad en este rincón minúsculo de Internet, sabrá que mi pasión por la música y los equipos que la reproducen, es una constante en mi vida. Y fue por esta pasión que reconozco, que hace casi 4 años adquirí el conjunto amplificador Onkyo A-9155 y los altavoces Heco Victa 300. Hasta entonces había coqueteado con algunos equipos algo más modestos y de gama baja que no acaban de satisfacer mis inquietudes melómanas-tecnológicas. La compra de la pareja Onkyo-Heco era una apuesta basada en una documentación previa bastante exhaustiva y en un presupuesto generoso. Confié en un amplificador de renombre japonés y en unos altavoces alemanes más caros que el amplificador. El resultado final me resultó magnífico. Pero hace 5 meses, el tweeter de uno de los Heco Victa, dejó de funcionar. Con menos de cuatro años, y basándonos en una solución que en aquel momento se suponía ganadora y de larga duración, me resulta enojante. Los altavoces son elementos que no suelen fallar, y que muchas veces, incluso pasan de generación en generación. Maldita sea la reputación alemana.

¿Y cómo es que he estado 5 meses con un altavoz sin agudos? Pues ciertamente, reconozco que mi despierto oído, no se había percatado del mal funcionamiento en los primero días. El altavoz sí funcionaba con el woofer, y eso camuflaba en cierta medida la disfunción, que lejos de ser muy perfectible, convertía el sonido general en algo más apagado y menos nítido en un lado. El caso es que desmontado el altavoz, limpiadas las conexiones y fastons, no conseguí hacer funcionar nada. Debo reconocer, que lo que he visto dentro de la caja de madera es de un impecable acabado, tanto a nivel eléctrico como de materiales. Pero al final, muy decepcionante gastarse casi 300 euros en unos altavoces que han durado poco más de 3 años.

Pues hará cosa de tres semanas que volví a buscar alternativas a los Heco Victa. Estaba claro que no pensaba volver a repetir con la marca alemana, con lo que empecé a valorar Boston, Polk Audio, Yamaha o Canton. Lamentablemente, aunque la variedad de marcas y modelos es muy generosa, la tradición es predominante, y el uso de la madera negra o cherry copan el mercado. Detesto esos colores. Luego están los colores de los materiales empleados para los conos de los woofer y tweeters, que también son bastante indeseables. Total, que al final, la marca Heco es la que ofrece mayor variedad de buen gusto. ¿Pero cómo iba yo a repetir de marca con lo mal que me han salido?

Al final, me cansé y de tanto sudarme las meninges, opté por algo radical, e improvisado: en una gran superficie comercial, me llevé una pareja de Yamaha de color negro piano. Me han costado la mitad que aquellos Heco, y hace dos días que los tengo funcionando. Ahora os cuento.

Los Yamaha Sc-333, son unos altavoces de dos vías y 6 ohmios de impedancia. Rinden una potencia nominal de salida de 60 vatios –imagino que a 8 ohmios como marca la ley- y tienen una banda de respuesta de 65-35000 Hz. Son algo más pequeños que los Heco –es lo que quería- que eran de 4 ohmios y con la misma potencia. Eso sí, su respuesta varía siendo algo más eficaz en bajas y altas frecuencias, quedando en 36-38000 Hz.

Pues bien, voy a reconocer algo inédito: Los Yamaha suenan como los ángeles. Y a su lado, los Heco –que suenan realmente bien- enrojecen de vergüenza en comparación con unas cajas que valen la mitad. De peor acabado y materiales, los Yamaha suenan increíblemente bien, especialmente los agudos, que brillan rozando las nubes. De sonido limpio y cristalino, las voces y violines suenan tremendamente bien. Sus grabes no son su fuerte, pero resultan muy convincentes para el nivel de volumen que utilizo normalmente. Cuidado, que no tiene malos grabes, simplemente no son tan cálidos como los Heco. Son por decirlo de alguna manera, menos amplios, menos envolventes,… son en definitiva muy buenos pero más metálicos. No sé si me explico.

Por otro lado, de los Heco siempre me sorprendió que en el amplificados debía tener los grabes casi al mínimo para obtener un sonido claro. Con los Yamaha puedo jugar mucho más, y su rango de movimiento es mucho mayor.

Otro caso curioso que tiene que ver con las impedancias. El amplificado Onkyo admite altavoces de entre 4 y 8 ohmios en una configuración de una pareja de altavoces. De conectar dos parejas –que se puede-, los cuatro deberían ser de 8. Pues bien, resulta que al conectar los Yamaha de 6, resulta que el amplificador no se calienta en absoluto. Con los Victa se ponía muy caliente a los 5 minutos. Tras un par de horas con los Yamaha, frío como un témpano. Dicen que conectar altavoces de menos ohmios que los que recomienda el amplificador, obliga a trabajar más al amplificador, y quizás estos 6 de los Yamaha, contribuyen a no calentarse. No sé, pero estoy gratamente sorprendido.

En cuanto a la estética, los Heco me encantaban. Me resulta muy muy triste desprenderme de ellos. Su estética de madera café la echaré mucho de menos. Los aros del woofer y del tweeter, cromaditos ellos con tornillos a juego me volvían loco. Los Yamaha no están nada mal. Dejémoslo ahí. Son bonitos lacados de negro –me recuerda mucho a los pianos Yamaha- y los conos son muy vistosos, pero creo que quizá, demasiado futuristas. En esto de la HI-FI me sigue gustando lo tradicional, pero no tanto como para optar por un estilo cutre clasicón o un futurista aspecto. Los Yamaha se quedan en medio, pero inclinándose ligeramente a lo segundo.

Pues ahora toca redescubrir mi discografía FLAC con el nuevo sonido, jugar con los ajustes del amplificador, y el ecualizador del Poweramp. ¡Qué gozada de sonido!

A éstos Yamaha no les voy a pedir más que a los Heco: que me duren toda la vida, o hasta que me aburra de ellos. Ojalá me duren tanto como los B&W de mi padre que acabó deshaciéndose de ellos por falta de espacio, pero que pasados 20 años sobrevivieron incluso al amplificador Denon –poca broma-. Al final, uno no sabe qué debe hacer: si rascarse el bolsillo y apostar por un producto con nombre y caro, o tirar hacia abajo y descubrir que fabricantes de gama media como Yamaha, con productos con menos aspiraciones, pueden transportarme al éxtasis, y además, hacerme ahorrar dinero.

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