«Todo el mundo miente. Los policías mienten. Los abogados mienten. Los testigos mienten. Las víctimas mientes. Un juicio es un concurso de mentiras. Y en la sala todo el mundo lo sabe. El juez lo sabe. Incluso los miembros del jurado lo saben. Entran en el edificio sabiendo que les mentirán. Toman asiento en la tribuna del jurado y aceptan que les mientan». Así comienza El Veredicto, el primer libro que leo de Connelly cuyo personaje principal no es Harry Bosh, sino el abogado defensor de un caso de asesinato. Mi detective favorito pasa a ser un elemento más de la novela junto con otros tantos, pero en las páginas se destila lo mejor del binomio Connelly+Harry. La obra se sitúa cronológicamente en 2008, entre las novelas El Observatorio y 9 Dragones.

Se me ha hecho extraño leer una novela de Connelly sin Harry. La escritura en primera persona no corresponde al personaje que siempre leo, y he necesitado leer un buen puñado de páginas para acostumbrarme. Superado eso, el ritmo, estilo, ambientación, el corrupto Los Ángeles, … se han apoderado de mi y me han hecho sentir como en casa.

Michael Haller vuelve a la abogacía después de unos años de descanso y se ve obligado a defender casos heredados de un colega abogado asesinado. Un asesino se llevó su vida, su portátil y toda la documentación de los casos que llevaba. Michael descubre que uno de los casos era especial. No sólo por el mucho dinero que le supondría sino por la extrañas circunstancias que lo rodean: un alto ejecutivo del mundo del cine en Hollywood descubre a su mujer y su amante asesinados en su propia casa. A Michael le tocará defenderle ante un jurado sorteando todo tipo de mentiras y poniendo su vida en juego.

Connelly nos tiene siempre acostumbrados a novelas multi-sorpresa, esto es, que nada ni nadie es lo que parece y que en cualquier giro de página te vas a encontrar con la boca abierta. Este libro no es una excepción y aunque la primera mitad de la novela es algo pesada y lenta, la segunda es una constante sorpresa y un sinfín de revelaciones en el caso espectaculares.

Hay un par de puntos fuertes que hacen que este libro deje huella en mí: el primero es el comienzo. Me he tomado la libertad de copiar un fragmento como muestra, pero las primeras páginas, que hacen como de prólogo y presentación de la obra, son brutales. El segundo es el modo en que se cruzan las vidas del abogado Haller y del detective Bosh. Exquisito.

En términos generales el libro es muy bueno; siempre tomando como marco de referencia el resto de obras de Connelly. Es imposible desligar una cosa de la otra. Sí que he echado un poco en falta la vida en la comisaría, alguna persecución en coche, interrogatorios en la escena del crimen, … pero el buen trabajo documental de Connelly en las fases de elaboración del jurado, revelación de pistas o interrogatorios a testigos han suplido con creces esas escenas más propias de novela policiaca.

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