Roy Grace está ganándose un rinconcito en mi estantería de libros. Se lo está ganando a pulso en cada novela que le leo. Algunas más brillantes que otras pero buenísimas todas. A partir de “Traficantes de muerte”, el superintendente inglés, lo voy a considerar mi amigo. Con su permiso, claro.

Creo recordar que hasta cuatro historias paralelas discurren al comenzar el libro y poco a poco se van encontrando hasta quedarse en una. El descubrimiento de dos cuerpos carentes de sus órganos vitales en una zona de dragado en el Canal de la Mancha, despierta el temor de lo que podrían ser unos asesinatos motivados por el tráfico de órganos. Estas dos canoas –como llaman los forenses a los cuerpos vaciados- indican ser adolescentes rumanos desatando así toda una trama internacional. Desde Brighton a Rumanía y Alemania.

Perter James ha conseguido gracias a la narración de vidas paralelas, hacernos comprender el sufrimiento de quien espera un órgano para su hija y de quien pierde a un ser querido donante. La muerte de una persona puede significar la vida de otra. Todo dentro de un marco de la legalidad puede suponer que en Inglaterra de cada tres personas que esperan un órgano, dos mueren antes de recibirlo. Eso propicia la red ilegal de tráfico de órganos. En este caso, una empresa Alemana se encarga de conseguir cualquier órgano en tiempo récord por una astronómica cifra. Alegando que cada día mueren miles de personas en todo el mundo por accidentes de tráfico, la empresa proporciona todo tipo de garantías, escondiendo la cruel realidad. En la novela, los adolescentes indigentes rumanos serán los objetivos: engañados con promesas de una vida mejor, son enviados a Inglaterra para mantenerlos con vida hasta el momento de la intervención.

Moralmente, la novela plantea muchos dilemas de necesaria recapacitación. ¿Cualquiera que tenga una hija que se esté muriendo haría lo que fuese, aún a sabiendas de que alguien podría ser asesinado para obtener el órgano? Siendo un cirujano respetable, ¿realizaría las operaciones de trasplante de órganos ilegalmente por una cifra generosa? ¿Se puede ir uno a la cama a dormir con la conciencia tranquila engañando a niños y adolescentes para llevarlos a la muerte?

Más allá de lo doloroso que puede ser plantearse la existencia real de semejantes atrocidades, la trama policíaca y el suspense están garantizados a lo largo de toda la novela. Peter siempre nos trae historias muy variadas en las que refleja la maldad del ser humano no como una enfermedad, sino como causa de un gen intrínseco en la humanidad. Violadores, asesinos, ladrones… todos forman el desgraciado plantel de personajes contra los que Roy Grace luchará para devolver la paz al condado británico. En el lado de los buenos siempre cabe destacar lo agradable que es contar otra vez con la presencia del inclasificable Norman Potting y Glenn Branson.

Además del propio caso que nos atañe, Roy y Cleo van a ser padres, y hay sorpresa-sorpresa con Sandy. No puedo decir más. Creo que “Traficantes de muerte” junto a “Una muerte sencilla” son los libros más destacados de los cuatro que me he leído.

 

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