No me gusta saber demasiado del libro que voy a leer, y con sólo algunas pinceladas, me lanzo a su lectura. Luego puede salir bien o mal, claro, pero el riesgo siempre merece la pena. «Siempre tuyo» empezó justamente así, pensando que era una novela más bien romántica y personal donde dos personas desconocidas entre sí, se encuentran y se enamoran bajo el cielo de Viena. Pero según transcurren sus páginas, hay mucho más.

Judith se tropieza por casualidad en la cola de un supermercado con Hannes y éste sufriendo un flechazo, tratará de seducirla hasta que lo consigue. Entregado a ella por completo, demuestra una sensibilidad encantadora, embaucando a la familia de Judith y a sus amigos. Es el novio perfecto: educado, sonriente, detallista… Hasta aquí, un tercio de la obra. A partir de este punto, Judith comienza a sentirse presionada por él y agobiada por su exceso de celo, comienza a sentirse asfixiada por la entrega desmesurada de Hannes. Ella intenta alejarse y entonces todo se complica. Y se complica para bien, puesto que si la novela comienza como una obra semi-romántica, a partir de este punto se transforma en un thriller.

El argumento lo he tratado de resumir rápidamente y aunque la narración es rápida y limpia, Daniel Glattauer se recrea en algunos aspectos muy interesantes de la psique humana. Cómo las relaciones humanas se pueden llegar a complicar hasta hacerte flirtear con la locura y el afán posesivo que pueden tener algunos individuos por el coleccionismo -si se me permite- de personas es grotesco. Daniel nos está mostrando realidad, esa que a menudo termina con muerte en los periódicos cada semana.

De la mitad hacia adelante, especialmente el final, es todo suspense y sorpresa tras sorpresa. Nada es lo que parece y Judith acabará con la boca abierta al igual que el lector, cuando descubra qué hay detrás de la personalidad de Hannes.

Espoleado por «simpre tuyo», me apunto a Daniel Glattauer en mi lista personal de autores que debo revisar, puesto que se dio a conocer con obras muy reconocidas y que según algunos, mejores incluso que ésta: «Contra el viento del norte» y «Cada siete olas».

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