Todos guardamos en nuestras retinas las imágenes del edificio Windsor ardiendo. Esos días Madrid acaparó las noticias de todas las cadenas. Cuando el incendio se apagó, las pérdidas millonarias y las compañías aseguradoras coparon la prensa escrita. Ataques terroristas como el del 11-S o maremotos como el de Japón que se llevaron pueblos por delante, son desastres a los que las empresas deben estar preparadas. Las pérdidas de datos son el mayor temor a los que se enfrentan las compañías, que pueden ver como se va al traste su negocio. Datos de clientes, nóminas, informes, actas… en un mundo digital, un servidor calcinado pude convertirse en la pesadilla del presidente de cualquier negocio. Pero, los usuarios que utilizamos los soportes digitales para consumo propio, ¿somos también conscientes del peligro?

Los recientes acontecimientos del país nipón han disparado las alertas de muchas empresas que poniéndose en la piel de los japoneses, se han replanteado sus sistemas de backup. Acumular cintas y cintas con copias de seguridad de sus sistemas informáticos para guardarlos en una caja de cartón en la oficina ya no sirve. Un edificio puede arder y llevarse por delante los servidores y las cintas de un plumazo. Llegados a este punto, se han tenido que elevar los niveles de seguridad de forma notable. Externalizar las copias de seguridad para que descansen en un paradero distante de la oficina, utilizar la nube donde volcar las copias, o desdoblar los servicios de un Centro de Proceso de Datos, son algunas de las opciones más utilizadas. Todo debe estar tan garantizado como se pueda.

¿Pero qué nos sucede a los simples mortales que guardamos nuestras valiosas fotos del nacimiento de nuestros hijos, del día de nuestra boda o del video del viaje a El Cairo en el portátil de casa? ¿o aquella biblioteca de música digital ordenada y cuidada que tenemos en nuestro disco? ¿o nuestra contabilidad domestica? Facturas, emails, cartas,… en cierta manera, somos pequeñas empresas que deberían preocuparse tanto como las grandes multinacionales. Pero por norma general, los usuarios domésticos no son conscientes del peligro que corren esos datos en un ordenador. Un ordenador cuyo disco duro puede estropearse. O incluso ser robado.

Yo, que alguna vez ya he perdido algunos valiosos datos, ya hace tiempo que he tomado mis medidas. He utilizado varios sistemas, mejorado y evolucionado la metodología, pero el volumen de información al que solemos estar acostumbrados, crece y crece dificultando la árdua tarea de salvaguardar tantas gigas. Los pendrive se han quedado pequeños. El almacenamiento en la nube, más allá de su limitado y lento acceso, me preocupa demasiado como para dejar en sus manos mi información. Finalmente no queda otra que la de almacenar toda la información vital en un disco duro externo USB cuanto más grande y rápido mejor, y nunca dejarlo dormir junto al equipo de casa.

Deslocalizar ese disco duro con toda nuestra información es tan o más importante como hacer la propia copia. Esta deslocalización puede ser fija o móvil. Puedo guardarlo en mi segunda residencia o llevarlo siempre conmigo. O una combinación de ambos. Las cajas de seguridad de algunas empresas o los buzones pueden ser también buenas opciones si estamos dispuestos a rascarnos algo el bolsillo. Yo he apostado por la opción móvil. Un disco de 1TB siempre viaja conmigo cuando salgo de casa. El dispositivo tiene reservado un espacio junto a mi cartera en mi maletín. Pero también entraña un peligro: la seguridad ante la pérdida o robo.

Perder un disco con la copia de seguridad de mis datos no debería ser problema, pues tengo los originales y basta con volver a comprar otro disco duro y lanzar una copia nueva para volver a tener las mismas garantías. Pero lo que realmente debe preocuparnos ante tal hecho, es el de saber que mis copias pueden ir a parar a manos de un extraño. Mis fotos, vídeos, documentos contables,… accesibles para el que los encuentre. Debemos protegerlos. Encriptar el disco duro es obligatorio. Otra opción más sencilla e igual de eficaz, es guardar los datos comprimidos o en almacenes que soliciten contraseña para verlos o abrirlos. Contraseñas lo suficientemente complejas para que no puedan ser adivinadas o reventadas con algún software de diccionario.

Vivimos tiempos en los debemos tomar conciencia de nuestra vida digital y de lo que puede significar perder nuestra información más valiosa. Fotografías que nunca podrán volver a repetirse pueden ser robadas un día cualquiera de nuestra casa. Ese ordenador valioso para el caco, que sólo ve un puñado de euros, para nosotros la pérdida económica pierde sentido al descubrir lo que hemos perdido. Es vital entender que se deben realizar copias de seguridad, que deben guardarse lejos de casa, y que deben estar protegidas con contraseña. La frecuencia con la que realicemos esas copias también cobra relevancia, obligándonos a ser disciplinados para tener al día en la medida de lo posible nuestra información irremplazable. Merece la pena. Además, las copias de seguridad ya tienen un día como los Santos: El 31 de Marzo es el día de la World Backup.

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