Jennifer Lopez y Guess

Pocas campañas de publicidad reclaman mi atención si hablamos de moda. La provocación, la hipersexualidad y lo articioso inundan las páginas de la revistas en busca de un un minuto de atención y acaso algunas lineas escritas en algún blog o periódico de bajo postín que vende también esa basura.

Hermés

hermesEn un mundo donde predomina la masificación, el dos por uno, el buffet libre, viajar con low-coast, comprar cualquier cosa a cualquier precio, las colas, el yo ya he estado ahí antes y la unificación de préstamos, buscar lo diferente, lo exclusivo o lo inalcanzable es tarea difícil. El refugio donde esconderse de todo lo banal obliga a prestar atención a lo básico, aquello que tenemos y despreciamos. Hablo de las materias nobles, de la naturaleza, de lo esencial. Huir de la barbaridad puede ser caro o barato. Pararse a oler el cuero, la madera de un lápiz o el césped recién cortado no nos supondrá muchos euros. Pero si queremos disfrutar del tacto de los cueros, las lanas, las sedas, los algodones, los linos, los fieltros, pero también de las maderas, el palisandro, la teca o la caoba, Hermés nos puede ayudar mucho. Eso sí, es la opción cara. Si la exclusividad tiene un precio y poseer un Audi o llevar un Polo Paul&Shark no tiene hoy en día nada de especial, deberemos rascarnos más el bolsillo para poder poner el pié en la otra orilla, en la orilla donde pagar más es disfrutar mejor. En el volumen II de este año de la revista Hermés, nos enseñan cómo valorar las materias con las que fabrican sus artículos de una manera nunca descrita antes. Me ha sorprendido la grandeza del sentimiento y la calidad de las emociones que transmite el artículo El ímpetu de las materias. Pocas páginas después nos demuestran su capacidad para describir momentos en la Lista a la manera de Sei Shonagon y de su Libro de la almohada del siglo XI: Destacar la elegancia y originalidad de sus pañuelos de seda de 90×90, la nueva colección Carré70 y los pañuelos de este año dedicados a la danza. Su web…exquisita. Lo que dura una décima de segundo: el clic de un cierre, un relámpago en el cielo, un pestañeo, la forma de una nueve. Lo que dura un segundo: el maullido de un gato, un gol, una burbuja de jabón, quitarse un jersey, el rayo verde, decir “te quiero” al pasar. Lo que dura una hora: un ramo de mimosas, un vuelo París-Niza, nadar dos kilómetros en la piscina, el pintalabios, una crema Chantilly, una cita que no llega. Lo que dura un día: un muñeco de nieve cuando sube la temperatura, la vida de una efímera, la gloria, un dondiego de día, un castillo de arena. Lo que dura un año: una agenda, una vuelta al mundo, el brote de un rosal, la declaración de la rente, una colección de moda. Lo que dura una eternidad: un semáforo, las piedras de un jardín zen, el tiempo perdido, un secreto bien guardado en un bolso. read more