iPod Touch

Posted in iPad, Tecnología on enero 24th, 2012 by admin

Quien me ha visto y quien me ve. No hace ni un año que afirmaba que los productos de Apple me importaban un bledo y resulta que en unos pocos meses ya he ido dos veces a la Apple Store con mi tarjeta de crédito. Mi primera incursión en los dispositivos de la marca californiana fue en verano y por la puerta grande con el iPad. Ha sido tan positiva la experiencia que necesitaba poder metérmela en el bolsillo para que me acompañase a todas partes. ¿Cómo se hace eso? Pues con un iPod Touch.

La tableta de Apple es increíble. Y lo afirmo con conocimiento de causa. En menos de seis meses ha superado mis expectativas y gracias a sus cientos de complementos y a sus miles de aplicaciones en la AppStore, cada día se reinventa. Los rumores de la iPad 3 se intensifican cada día que pasa, y la actualización de su IOS a la versión 5.0.1 nos ha traído mejoras sustanciales. Los nuevos iPhones 4S, la nueva versión del AppleTV que está a punto de ver la luz y la bajada de precios de sus iPod Touch están causando mucho revuelo. De hecho, en lo que ha tecnología se refiere, Apple es casi de lo único que se habla. El resto de novedades queda repartido entre los fabricantes de dispositivos Android, que pronto estrenarán nueva versión de sistema operativo, y de la adopción de procesadores con cuatro núcleos. El resto, las migajas se las reparten Microsoft y Nokia que están intentando salvarse aunando fuerzas y poniendo a la venta dispositivos muy interesantes. En los años que llevo en este mundo, creo que nunca he tenido la oportunidad de disfrutar de tantas novedades.

Podríamos decir que un iPod Touch es un iPad 2 con pantalla de 4 pulgadas. Bueno, su procesador no es el A5 de doble núcleo, sino el A4 mononúcleo a 800mhz. Y sí, se nota la diferencia pues la apertura de aplicaciones y la multitarea se muestran algo perezosas cuando llevas el dispositivo algo al límite. La cámara frontal es de una calidad penosa para los tiempos que corren, y la ausencia de GPS no tiene perdón. No hay excusa, son diferencias y desventajas insalvables, y son el resultado de la maquinaria económica y de la obsolescencia programada a la que estamos sometidos. Pero aceptado esto y sopesando los contras y los pros, a nivel de posibilidades estamos hablando de un producto sensacional. Incluso ya he leído en varias revistas especializadas en juegos, que iPod y iPad se sitúan como la tercera y cuarta plataforma más votada para jugar. El primer puesto y el segundo no hacen falta ni nombrarlos, pero el quinto es muy interesante: la Wii.

Y si ha habido un factor que me ha espoleado a la hora de elegir al Touch, ha sido la posibilidad de disfrutar del nuevo IOS. ¡Somos libres! ¡Por fin iTunes sin cables! ¡Por fin iCloud! Las doscientas modificaciones que Apple anuncia respecto a su IOS 4.x, para mí se reducen a media docena más o menos. La más importante es la de volcar contenidos a los iDevices mediante WIFI. Qué gozada volcar música o fotos arrastrándolas en iTunes y ver girar las flechitas de sincronización en la iPad. O hacer una foto en el iPod y verla en unos segundos en el iPad. O poder localizar tus dispositivos en un mapa si están conectados a una red. O el nuevo Mensajes, el WhatsApp de iTunes. O la copia de seguridad en la nube de la configuración del dispositivo. La división del teclado en el iPad cuando la sostienes vertical también es una buena idea. Y finalmente la ventana de notificaciones que tanto le deben a Android, resulta bastante atractiva.

Creo afirmar con rotundidad, que Apple ha entrado en mi vida y lo ha hecho para quedarse.

Tags: , , ,

La Perla

Posted in Lectura on diciembre 28th, 2011 by admin

Suelo elegir mis lecturas utilizando dos métodos: el primero es el más visceral y entusiasta, presentándose el libro ante mí por casualidad, por algún tipo de relación con algo que llego en la cabeza. El segundo es más pasivo y no es la obra la que viene a mí, sino que yo voy a ella a buscarla. Suele suceder en contadas ocasiones, que no me siento motivado por ningún libro en especial, y entonces recurro a notas de prensa, consulta de webs especializadas o recorro los pasillos de alguna librería en busca de inspiración. Es precisamente con este segundo método como encontré “La Perla”.

Una de las ventajas de estar abierto a cualquier tipo de lectura es que descubres géneros nuevos que en ocasiones superan en calidad a las habituales lecturas. Desconozco si la actual crisis que estamos atravesando desde hace años, o mi sensibilidad desarrollada por la diferencia de clases sociales me empujó a la lectura. Un libro que precisamente habla de eso: de cómo Kino y Juana, viviendo en una moderada pobreza necesitan auxilio para curar a su hijo enfermo de gravedad y cómo el médico acomodado del pueblo rechaza ofrecer sus servicios negando la asistencia médica al bebé por no poder ser pagado. La suerte y la fortuna llegan a la pobre familia con la forma de una perla, al ser encontrada por Kino en las profundidades del mar. Esta perla le permitirá pagar los dudosos servicios del médico pero le traerá más problemas de los que pudiera pensar. Y es que la riqueza del vecino genera mucha envidia. Tanta como para que alguien desee matar.

El libro se lee casi en forma de artículo extenso, puesto que sus 62 páginas vuelan entre mis dedos. Un relato corto pero efectivo, demostrándonos que en los tiempos actuales es más fácil ser rico y sentirse seguro. Nadie entrará en tu casa sin puerta empuñando un cuchillo. Nadie te perseguirá por la calle en tu camino al banco para impedirte el ingreso en tu cuenta. Pero en cambio, sí puedes quedarte sin asistencia médica si no tienes recursos. Entonces ¿cómo la civilización ha avanzado tanto en unos aspectos y en otros no? ¿Qué sucedería si me presentase en una clínica privada con un bebé a punto de morir y sin garantías de poder pagar los servicios? ¿Aceptaría el Centro de Atención Primaria de mi ciudad administrar medicamentos a mi bebé sin tarjeta sanitaria ni cuenta de la Seguridad Social? ¿Me requerirían un número de tarjeta VISA previamente como hacen los hoteles?

El trasfondo social es digno de estudio, y la exposición que nos hace John Steinbeck nos demuestra porqué La Perla sobrevive tan bien al paso de los años: es un clásico.

Tags:

VinylLOVE

Posted in Apple Apps on diciembre 14th, 2011 by carlone

Quien me lea con regularidad conocerá mi gusto por la alta fidelidad y la música. También  se habrá dado cuenta de que me preocupo por los distintos formatos de audio y de sus cualidades. Finalmente, también será conocedor de mi interés por las tabletas y en especial por la de Apple. Pero lo que seguro que no sabrá es la App que descubrí ayer y que está conmocionando mis ya de por sí alteradas neuronas: VinylLove. 

Desde este pasado verano, el iPad está robando protagonismo poco a poco a mi fiel amigo iPod como reproductor de música en casa. No cabe duda que la partida la tenía ganada desde un principio, puesto que su gran pantalla y su conectividad Wifi ya hacían entrever que predominaría a corto plazo. Primero con unos tímidos y frustrantes escarceos con la App Ipod y iTunes. Luego llegó Serve to Me que aún vigente, se encabeza como una App muy del tipo contigo-para-toda-la-vida, pues disponer de toda tu discografía accediendo al disco de red por Wifi es motivo suficiente para ganarse el adjetivo de maravillosa. Unido a que es capaz de mostrar la carátula del disco mientras se reproduce y que acepta casi cualquier formato -incluido FLAC-, convierte el iPad en una jukebox infinita. Y a medio camino entre ambas Apps, descubro VinylLove.

ColorMonkey, presenta VinylLove como una aplicación nacida desde el amor y la nostalgia. Nacida con el espíritu de aquellos años cuando la calidad importaba, cuando la música no estaba disponible a un solo toque de botón y cada canción importaba. El amor por los tocadiscos y por el vinilo. Como no podía ser de otra manera, toda esta espiritualidad ha llevado a estos chicos a crear una aplicación que a muchos nos hará casi saltar las lágrimas.

Primero la App recoge la música que tengas guardada en el iPad y crea unos cubos para que trastees dentro de ellos pasando las cubiertas como cuando lo hacíamos en las tienda de discos de entonces. El orden alfabético y la cantidad de discos en la biblioteca determinarán el número de cubos necesarios. Una vez seleccionado el disco, se produce la magia. La pantalla se abre y aparece un tocadiscos con vista parcial -lo suficientemente grande y gustosamente diseñada- con el brazo y el plato girando. La aguja se posa sobre el vinilo y el chisporreteo familiar abre la fiesta. Cada canción del disco se traduce en cortes en el disco a los que podremos saltar al modo tradicional: moviendo el brazo.

Huelga decir que el sonido, a pesar de su deterioro premeditado y calculado para emular los defectos del vinilo, se conserva y respeta muy meticulosamente, obteniendo un resultado muy conseguido. Realmente muy conseguido, recalco. Pasar caminando por delante del conjunto altavoces, amplificador y iPad viendo girar un vinilo y escuchar la guitarra de los 70 de Santana provoca que se me ericen los bellos del brazo.

La aplicación es muy sencilla y práctica, pero yo le añadiría un par de cosas, como poner la carátula original del disco en el vinilo en vez de una plantilla algo sosilla con sólo el nombre del artista. Y también una opción para poder eliminar el efecto vinilo si lo deseamos. Creo que lo que pido es cosa fácil y del gusto de casi todos los que hemos descargado la App, que por cierto sólo cuesta 2,39€

 

Tags: , , , ,

Homicidio, un año en las calles de la muerte

Posted in Lectura on diciembre 12th, 2011 by carlone

Me resulta interesante observar en la playa a los bañistas con sus caras escondidas detrás de los libros. Al refugio de la sombrilla o a pecho descubierto al calor del sol, entre chapuzón y chapuzón, los lectores devoran las páginas. Emparejar la personalidad del lector con el autor o el título del libro es un ejercicio refrescante y estimulador, y fue así como “Homicidio, un año en las calles de la muerte” de David Simon me sedujo.

A mi juicio, alguien en la sesentena que lee una novela negra en la playa, lo hace por verdadero interés. Deduzco también que es un lector no casual, pues el grosor del libro, a más de uno le tiraría para atrás, y el esfuerzo hercúleo que supone avanzar en sus casi 700 páginas de dolor y miseria humana, requiere de cierta experiencia en la temática. Pensé, que si el punto de libro había superado el 50%, aquel lector embadurnado en bronceador estaba disfrutando y sabía lo que leía. No es la primera vez que me pasa, aquella joven con aires intelectuales leyendo en topless boca abajo, me llevó a Tokio Blues. Y aquella otra pareja que alternaba el juego de palas con la lectura hace unos años, me llevó también a El Origen Perdido.

Más tarde, descubrí que David Simon también había escrito y producido la aclamada serie The Wire. Descubrí que David, también acababa de publicar este año 2011 junto a Ed Burns, La esquina. El cóctel perfecto estaba preparado y el interés por Homicidio crecía en mi interior de forma imparable, pero había un problema: no era el momento. Cuando leo, suelo alternar géneros y así despertar un espectro variado de mis emociones, y la novela policiaca debía esperar pues acababa de salir de una gran historia de Michael Connelly. La espera ha merecido la pena.

Homicidio es una novela policiaca muy muy policiaca. No hay lugar para escenas románticas, atardeceres de cielos rojos, ni jazz. Es la historia del departamento de homicidios de Baltimore contada por un periodista especializado que acompañó a los inspectores durante un año. Un año de espantosos crímenes que no difieren a la ciudad de Maryland del resto de ciudades. Tiroteos entre traficantes, violaciones, niñas asesinadas abandonadas en una acera, y cuerpos cosidos a puñaladas en noches frías de invierno. Retratos de desesperación e incomprensión decoran de sangre día a día el año 1988, aquel en que el porcentaje de casos resueltos fue realmente bueno. Una historia narrada desde la perspectiva del departamento con protagonistas duros, expertos y entregados. Una llamada en mitad de la noche enfundaba a los inspectores de turno en sus chaquetas para acudir a una deplorable escena. Casos que se resolvían solos como una disputa matrimonial, y casos duros de roer -las bolas rojas que ellos llaman- que necesitaban de meses para resolverse.

El plantel de personajes es tan amplio que cuesta tomarles cariño, pero en cierta manera, se establece un vínculo muy estrecho entre el lector y los inspectores. En la búsqueda de la justicia y en la camadería de los inspectores, el lector se verá envuelto en multitud de casos, incluso llegando a sentirse uno más. Realmente me he quedado con ganas de aportar ideas en las investigaciones. Es instintivo y es una muestra del nivel de implicación que David Simon consigue con su narración.

El transcurso del libro fluye recorriendo las escenas del crimen, las fichas policiales, los interrogatorios de horas, las persecuciones a tiros a pie y mucha degeneración finalmente. A pesar de los muchos casos que suceden en ese año, uno cobra especial interés, llegando a tomar especial protagonismo durante el libro: el de Latonya Wallace. Una niña de 12 años violada, asesinada y destripada. En esa ocasión, el inspector Pellegrini toma las riendas de una investigación sin más pruebas que las halladas en el cuerpo de la niña. Todo el mundo quiere ayudar, conmocionados por el terrible crimen, colaboran incluso los yonkis. Todos quieren venganza ante el crimen de un niño. El único sospechoso real no podrá ser acusado con pruebas firmes ni con una declaración a pesar de los esfuerzos. Una bola roja que no podrá ser tachada de la pizarra del inspector y que a fecha de hoy, sigue pintada también en rojo. En el mundo ideal, los asesinos cometen errores y dejan pistas, o son forzados y declaran, o son acusados por un testigo -rara vez por el miedo-, y son detenidos y cumplen su condena. Pero en otros casos, a pesar de que el crimen perfecto es un mito, el asesino queda en el anonimato y se libra. Es la dura realidad con la que tienen que lidiar los inspectores.

La narración es realmente buena. Incluso perfecta. ¿Hacían falta 700 páginas para contarnos todas estas historias? No lo sé. Siempre me ha costado mucho determinar si la extensión de un libro es justa o no. Ni demasiado delgados ni demasiado gordos. Sintetizar o recrearte en los detalles necesarios siempre debe antojarse una tarea compleja a la hora de afrontar la escritura de un libro, pero en este caso, creo que algo más corto podría haber sido mejor. Demasiados homicidios iguales, y demasiados detalles similares ensombrecen un poco una obra que además, te obliga a tener el corazón en un puño ante las atrocidades que debe uno leer. Pero no debemos dar la espalda a la realidad, son asesinatos de verdad, que suceden y que se llevan a cabo a manos de personas que existen. Debemos tomar conciencia.

Le daré un tiempo y le daré un respiro a mi compungido corazón con lecturas de enfoque más ocioso antes de profundizarme otra vez en las tinieblas de “La Esquina”. Una obra de igual calado y longitud -otras 700 páginas- pero esta vez, nos meteremos en la piel de los yonkis. Leeremos desde el otro lado, con los ojos de la cara poco amable de Baltimore.

El final del libro, las últimas páginas son un homenaje a los inspectores: “Diablos, puede incluso que se queden en Kavanaugh hasta que cierre y pasen el resto de la noche en el aparcamiento, comparando batallitas e intentando recuperar la sobriedad antes de que amanezca y tengan que conducir de vuelta a casa y encontrarse con su mujer que ya estará levantada y maquillándose y con sus niños correteando por la casa. Regresarán a su casa, al olor del desayuno en la cocina, a un dormitorio con las persianas bajadas y las sabanas removidas por el sueño de otra persona. Otra mañana en la que el mundo girará sin ellos, otro día de otro año, hecho a la medida de aquellos que caminan de día y tratan con los vivos. Y dormirán hasta que anochezca.”

Tags: , , , ,

Wye Oak

Posted in Música on noviembre 19th, 2011 by carlone

Quizás porque son de Baltimore, o por su sencillez, o por sus videos en Youtube, o por sus pegadizas melodías, o por ser poco conocidos o por su frescura. Me faltan conjunciones coordinadas para explicar por qué Civilian, el último trabajo de Wye Oak, gira y gira sin parar en mi iPod.

Estos días, y a raíz del descubrimiento de la banda de Maryland, no puedo quitarme de la cabeza que Jenn y Andy estén paseando por las calles de Barcelona, Madrid y San Sebastian. Las tres visitas a España, forman parte de una insana megagira por Canadá, Estados Unidos y Europa. Y digo insana, puesto que con solo observar las citas de sus conciertos, se comprueba que las fechas son extremadamente apretadas. En tres días han cubierto las tres ciudades Españolas y han hecho felices a cientos de personas con sus canciones. Vienen de tocar en Toulouse, el martes lo hicieron en Barcelona y hoy, casi a estas horas, ya estarán en Koln, Alemania. El detalle del Tour, se puede seguir en su web. Espectacular.

En realidad yo no les descubrí. Ellos vinieron a mí a través de un video en directo en un balcón en Amsterdam. En esa ocasión, sólo necesité un puñado de acordes para darme cuenta de que estaba ante algo grande. El video es conmovedor: un atardecer en la ciudad de los tulipanes, el viento sacudiendo el pelo de Jenn Wasner, un tímido Andy Stack que por vergüenza o falta de costumbre no mira a la cámara y Civilian poniendo banda sonora a casi 4 minutos de éxtasis. Imagino fuera del alcance del objetivo de la cámara, un par de cervezas tibias en un pequeña mesa a sus pies, quizás algún cigarrillo languideciendo en un barato cenicero, y sus maletas de viaje aún sin deshacer sobre las camas de un céntrico hotel.

Hubo un antes del álbum Civilian -marzo de 2011- para Wye Oak, pero a falta de saborearlo en un futuro cercano, me recrearé con su último disco. No hace falta decir que el título del álbum lo pone el tema de mayor calado, Civilian, pero este corte, que es el quinto, es la cúspide de un conjunto de temazos que empiezan con fuerza para luego perder algo de intensidad. Pero decir que pierden algo de fuerza y escuchar la muy brillante Plains casi cerrando el disco, puede ser incluso sacrílego. Sublimes son Holy Holy ó Dog Eyes, pero no más ni menos que Hot As Day -ver video en directo en el mismo balcón que Civilian-.

Sus orígenes se remontan a mediados de 2006, cuando inicialmente se llamaban Monarch, para luego al año siguiente cambiarse el nombre por el del gigantesco roble que preside la ciudad de Wye Mills, que dicen que tiene unos 460 años. Ese año vió la luz If Children y en 2009 The Knot.

Soy un adicto a su Twitter, donde su frenética actividad conciertera queda reflejada en sus posts, y aunque no llego a las cotas desenfrenadas de sus imitadores en Youtube, reconozco que hacía tiempo que no me veía tarareando como un tontorrón por la calle.

Tags: , , , , , , , , , ,

Intimidad

Posted in Lectura on octubre 25th, 2011 by carlone

Hace 10 años en un trayecto en tren de Valencia a Barcelona me leí Siempre es Medianoche, de Hanif Kureishi. El libro, que consta de unos pocos relatos cortos, me gustó, e impulsado por ese recuerdo decidí leer Intimidad. Una obra que precisamente vio la luz dos años antes que la primera mencionada, pero que yo he descubierto ahora. Este escritor británico vuelve a entristecerme el panorama sentimental.

El libro versa sobre una idea tan simple como dolorosa: el protagonista, Jay, decide abandonar a su mujer y a sus dos hijos e irse para siempre. El último día y la última noche antes de abandonar todo aquello por lo que ha luchado, serán narrados página tras páginas para justificar sus motivos. En cierta forma, duda si hacerlo o no durante todo el libro, pero la decisión de irse a vivir al piso de su amigo Víctor, y dormir sobre un colchón en el suelo de una sucia cocina, es irrevocable finalmente. Atrás dejará seis años en común con Susan, una hermosa casa y unos hijos a los que adora. Pero no puede soportar vivir ni un solo día más con alguien a la que no soporta. De hecho, es mutuo. La rutina y la comodidad pierden la batalla ante la idea de volver a sentirse vivo, a recuperar la ilusión.

A medida que avanza el libro, podemos observar que aquella culpa que Jay endosa a su esposa, no lo es tanto como en realidad es. Ambos han abandonado la esperanza, no sólo ella. Él por otro lado, se convierte en un monstruo egoísta cuyo papel de marido y padre le vienen grandes. Es mi percepción objetiva no contrastada. Un matrimonio y unos hijos requieren de esfuerzo y mimos, y claro, afuera hay un mundo. Un mundo muy sugerente libre de obligaciones y ataduras que nos arrastra sin compasión. Aferrarse a unas convicciones y ser fiel a un compromiso que ya determinó Jay hace unos años, se le hace cuesta arriba. Y tira la toalla. Sus corredurías con amiguitas, su marihuana y sus escarceos con el LSD no le salvan de un matrimonio vacío. Y se pira y no mira atrás. Y utilizo el verbo “pirar” porque es más conciso que “marchar” o “alejar”. Pirarse se utiliza para irse de un sitio sin importar qué dejar atrás. De forma poco seria y fútil incluso. Irresponsable definitivamente.

El Carpe Diem y el estilo de vida libre que permite tomar aquello que deseas o dejar aquello con lo que te comprometiste a un lado, es muy poético y vitalista. Es irremediablemente tentador. A veces decimos, ¡lo dejo para otro día! Que placer hacerlo. Pero cuando vives de ese modo, rompes con todo. Incluso con aquellos que te aman.

Hanif nos tiene acostumbrados a ver las relaciones de pareja de una forma gris y despiadada. Como si realmente, nada perdurase y estuviera perdido de antemano todo. Esta atmósfera trágica que envuelve de forma tan asfixiante todas sus obras realmente me atrae. Confirmo que “Siempre es medianoche” y “Intimidad” son obras dolorosas. Como dirían los angloparlantes, te hacen sentir “blue” y aunque todavía no he leído otras de sus obras como “El álbum negro” o “Amor en tiempos tristes”, me temo que el resto de libros no van a suponer un brote de esperanza o alegría.

Detrás de una familia con niños, de una gran hipoteca, de una hermosa mujer, de sonrisas con dientes blancos, de niños rubios con ojos azules y de un coche de 50 mil euros aparcado en el garaje… hay mucho más. Hay presión, hay rutina, hay mentiras y hay dolor. Y cualquier fuga, por mínima que sea, provoca un derrumbamiento. Hanif nos demuestra que no todo es perfecto, y que aquello que no lo es, convive entre nosotros de forma más natural de lo que parece. Leerle me remueve la conciencia y de alguna manera, me lleva a entender su punto de vista.

Una de las preguntas más repetidas que Jay se hace y que nos machaca constantemente es, ¿Cuándo se acaba el amor? La respuesta la tiene ahí mismo: cuando introduce el pene en un bote de crema hidratante para luego eyacular en las bragas sucias de su mujer. En silencio en mitad de la noche. Mientras todos duermen. Ufff…casi nada.

Tags: ,

Modern Family

Posted in Series on octubre 18th, 2011 by carlone

20111018-223145.jpgDicen que al reír ponemos en marcha 15 músculos de la cara y unos 400 en todo el cuerpo. Pues bien, con Modern Family nos lo ponen fácil, pues las risas y el humor inteligente están presentes en cada capítulo, y casi en cada minuto.

No sería sincero si no reconociera que uno de los incentivos para comenzar a ver la serie fue Sofía Vergara. Todo una mujer y con más curvas que las carreteras de Hollywood. Y tampoco debo ocultar mi decepción en los primeros capítulos. Creo que al sexto casi tiro la toalla, pero así como en los libros debes intentarlo al menos en un 30% de sus páginas, en una primera temporada de una serie nueva, creo que el umbral alcanza la decena. E hice bien, la serie arranca no muy allá pero toma calidad e interés de forma progresiva, llegando a cotas de muy altas. Muy recomendable.

Creo que necesité unos diez minutos -de los 20 que dura cada capítulo- para reconocer a Ed O’Neill. ¡Sí, sí! ¡Al Bundy de Matrimonio con hijos! Claro que ahora más viejo y más gordo, pero sus ojos le delatan. Interpreta papeles totalmente opuestos, y aunque no voy a entrar en detalles -Matrimonio con hijos requiere un post por separado-, el viejo machista Al Bundy, se ha convertido en todo un adinerado calzonazos en Modern Family. Ed siempre rodeado de bellezas en sus series.

Una pareja de chicos gays, una familia con tres hijos problemáticos y otra familia compuesta por dos separados con un niño Colombiano, componen los personajes de la serie. Los actores son prácticamente desconocidos para mí, y salvo Ed, sólo he reconocido a Julie Bowen que ya pudimos verla en Weeds en la tercera temporada. Ahora, gracias a su buen hacer en Modern Family, ha ganado el Emmy 2011 a la mejor actriz secundaria. La serie también fue galardonada en los Emmy con premios al mejor guión y a la mejor dirección, así como al mejor actor secundario Ty Burrell interpretando magistralmente al marido de Claire Dunphy. La interpretación de la pareja en la serie bien es merecedora de los premios obtenidos. Como artistas invitados tenemos poca cosa, pero la aparición de Edward Norton deja bastante que desear. Sucede todo lo contrario con los geniales papeles de Chazz Palminteri y Matt Dillon.

Ya he dicho que la comedia es para reírse a carcajadas, y se nutre de situaciones surrealistas unas veces y muy realistas otras. Hechos cotidianos que nos obligan no sin cierta vergüenza a reconocernos en los papeles interpretados. Para muestra un botón, el capítulo 19 de la temporada primera: Cumpleaños. Phil cumple años y quiere un IPad de regalo. El niño que lleva dentro refleja al que muchos llevamos todavía ya casi en la cuarentena, y las peripecias que tendrán que correr en la serie toda la familia para hacerse con el dispositivo el día de su estreno serán tremendas.

La serie que comencé a visionar con tan pocas expectativas, se ha ganado un sitio en mi corazón, y ahora que ha terminado la segunda temporada no me queda otra que esperar a que llegue doblada a nuestro idioma pronto. Espero también que el éxito cosechado en la segunda temporada gracias al binomio Steven Levitan y Jeffrey Richman como guionistas se repita en la nueva temporada.

Echo Park

Posted in Harry Bosh, Lectura on octubre 18th, 2011 by carlone

Desde “El vuelo del ángel” que Connelly no nos regalaba una obra tan buena. No quiero subestimar el resto, pero siempre hay alguna entrega que brilla más que las demás. Es el caso de “Echo Park”.

Como siempre, el libro arranca de forma magistral, con hechos que sucedieron 13 años antes y cuyo caso no pudo ser resuelto por falta de pruebas. La tozudez de Harry, le obligaba a reabrir el caso año tras año para revisar pruebas e investigar posibles culpables. Sin nuevas pruebas, Harry se consumía buscando algún detalle que se le escapase. Algo que tenía delante suyo y que era incapaz de ver. La pista definitiva que iniciase un nuevo punto de vista. Como cuando en 2005 descubrieron una cinta polvorienta en la Biblioteca del Congreso en Washington DC. Quien la encontró, supo que era algo especial. Nadie se lo hubiera dicho, pero estaba ante una grabación en directo inédita de John Coltrane y Theloniuos Monk del 57. Pero él supo verlo. En manos de cualquier otro, quizás esa grabación se hubiera quedado para el resto de la historia metida en una caja.

Pero trece años después de la desaparición de Maria Gesto, detienen de manera casual en un control de tráfico a un tipo con dos chicas muertas en una furgoneta. El tipo ante la perspectiva de afrontar la inyección letal, quiere hacer un trato: perdonarle la vida a cambio de revelar sus otras víctimas. El tipo llevaba matando desde hacía mucho tiempo, y Maria Gesto fue una de sus primeras víctimas. Y es aquí donde se plantea la principal decisión moral: Eliminar a un ser despreciable de la sociedad para siempre o descubrir los cuerpos de otras 9 chicas desaparecidas para que sus familias descansen. Y aún más, descubrir sus paraderos, permitirá a unos pocos, beneficiarse políticamente. Y esta última consecuencia, es la que me consume más. Y a Harry también.

Finalmente, se decide perdonar la vida al asesino, pero todo se tuerce: se escapa y en su huida mata a dos personas más y hiere de gravedad a Kizmin Rider, la compañera de Harry. Varias pistas llevarán a nuestro detective favorito a dar tumbos de lado a lado en la investigación para a pocas páginas del final, resolver lo que parecía imposible. E increíble.
Lo que realmente destaca de esta entrega de la saga, es el argumento. Es muy complejo y su planteamiento tiene un ritmo devorador. Así mismo, el debate moral está abierto. El asesino en serie, con una infancia dolorosa, con madre heroinómana, prostituta y enferma, seguirá los mismos pasos que Harry en sus primeros años. De orfanato en orfanato, de familia de acogida en familia acogida. De origines idénticos, el asesino alimentó al perro malo que lleva dentro y Harry lo hizo al bueno. Alimentar al perro equivocado crea monstruos y éste es el otro mensaje importante del libro. La predestinación de cada uno para desencadenar el mal o el bien. Partiendo de las mismas condiciones, cada individuo toma sus decisiones y sigue caminos distintos. El problema no es el origen –aunque siempre algo tiene que ver-, sino el cómo afrontamos nuestros problemas.

El libro también saca a relucir cómo todos nosotros tenemos la necesidad de ocultar nuestros fallos para sobrevivir. O cómo podemos utilizar nuestra situación privilegiada para obtener nuestro propio beneficio. Saltarse las normas es una práctica también presente en personas que hacen el bien. Y podría considerarse éticamente incorrecto, pero el sistema nos obliga: mentir u ocultar detalles a veces son necesarios para acelerar un proceso y encontrar rápidamente la verdad de un caso.

Más allá de Echo Park, la grandiosidad de la obra que Michael Connelly nos está dejando, me resulta especialmente importante. Es fácil comprobar que el número de seguidores de su saga va en aumento y es por este motivo que he decidido crear una web especial para Harry. La he titulado: Harry Bosch, haciendo justicia.

La web, a modo de blog, pretende resumir y recopilar el máximo de datos relacionados con la saga y hacer partícipe de sus contenidos a todos aquellos que lo deseen. Aún en estado embrionario, iré alimentándola de contenidos durante las siguientes semanas.

Bicampeón a los 24 años

Posted in F1, Motor on octubre 14th, 2011 by carlone

A falta de cuatro carreras, el domingo pasado se sentenció el mundial de F1 en Japón. Sebastian Vettel se ha convertido en el bicampeón más joven de la historia. Fernando, que aún lucha por el subcampeonato con Button y Webber, le retaba: “A ver quién será el tricampeón más joven de la historia”.

El mundial de F1 ya tiene ganador, y si Vettel lo ha conseguido de forma tan contundente es por sumar más de 100 puntos respecto al segundo clasificado. Con esa diferencia, ayer en Suzuka se proclamó matemáticamente campeón del mundo. La suma de piloto, más coche y equipo no podía ser mejor. La fórmula perfecta. Ni un error gran premio tras premio, el alemán ha consolidado sus cualidades clasificando los sábados con una precisión inhumana, y disputando las carreras los domingos con la cabeza fría y los nervios de acero. El que fue campeón por los pelos en el 2010, ahora lo vuelve a ser. Pero ahora el niño rubio de ojos azules se ha hecho mayor.

La apabullante superioridad de los bólidos de la bebida energética,  ha conseguido que algunos seguidores del deporte rey del motor hayamos perdido interés. Máxime si a falta de cuatro carreras se ha terminado la batalla. Ha sucedido algo parecido a lo que pasó hace un par de años con BRAWN GP y Jenson Button. Resulta difícil de imaginar que con los presupuestos millonarios que disponen las escuderías no puedan contrarestar esa desventaja tan salvaje en todo un año. Enseguida pensamos que alguna trampa hacen o que algún secreto ilegal guardan como para ser tan imbatibles. Pero que yo sepa, siempre ha sido siempre así. Fue Ferrari con Schumacher o Renault con Fernando. Grandes pilotos con bólidos ganadores han batido récords toda la vida, aunque nunca ha sido de forma tan descarada.

Finalmente, ayer el podio estaba compuesto por los tres pilotos en mejor forma del año –con permiso de Hamilton que lleva unas carreras descentrado-. Con un mundial en el bolsillo como mínimo los tres , podemos decir que en sus manos también estará el Mundial del año que viene, pero todo está por decidir. Miedo me da que Ferrari o McLaren no sean capaces de reaccionar y este invierno engendrar un vehículo ganador. Otro año como éste acabará con la ilusión de muchos de nosotros y con este deporte. La lucha, la rivalidad, lo ajustado de los resultados… avivan cada carrera. Y aunque no sea nuestro piloto el que gane –el favorito de cada uno-, es necesaria cierta igualdad. Que se decida una mundial en la última curva. Pero puestos a que no sea así, me alegro que sea Sebastian quien haya ganado.

Hoy leía en los medios de comunicación muchas opiniones. Felicitaciones al nuevo bicampeón y palabras de reconocimiento a una carrera vertiginosa. En cuatro años, Sebastian se ha ganado el respeto de todos, dentro y fuera de los circuitos. Un tipo hablador, bromista, abierto y humilde. Hijo de padre carpintero, su carrera comenzó a los 7 años y desde entonces, no ha perdido la educación que suele perderse con la llegada de la fama. El ex piloto de F1 Jacques Lafitte reconocía ante la prensa que Sebastian era el único piloto que le saludaba al cruzarse. Parece que la educación en los pilotos millonarios es una excentricidad. Como también lo es el llevar cinturón en el mono. Es el único piloto que a pesar de que los nuevos trajes llevan goma elástica ajustable, prefiere sentirse más sujeto a la antigua usanza. Los guantes Alpinestars que gasta, son especiales, con las costuras hacia afuera. Hace como yo con los calcetines, ¿por qué el diseño original castiga nuestras extremidades?  Este chico me cae bien.

Tags: ,

Tokyo Blues

Posted in Lectura on octubre 4th, 2011 by carlone

Y el frío llegó. Ayer por la mañana a las 8:00 el frío se hizo notar como muestra de que el otoño llegó hace unos días. Y al igual que en el otoño de Tokyo Blues, la vida después del verano resulta triste. Una estación del año también maravillosa en muchos aspectos, pero algo deprimente siempre. Leer la obra de Murakami estos días no me ha ayudado demasiado en lo que a positivismo se refiere, pero reconozco que es de esos libros que cambian a las personas para siempre.

El libro nos muestra los años de universidad de Watanabe, un chico de apenas 20 años que descubrirá como muchos de nosotros hicimos, el despertar del amor y la sexualidad. Pero su historia a diferencia de muchas otras, estará marcada por el dolor y la pérdida de todos a los que ama. El suicidio marcará profundas huellas en su vida haciéndole descubrir la importancia de los valores y el respeto. Haruki nos narra con gran delicadeza cómo las dudas que envuelven la vida de Watanabe se resuelven a base de desgracias. Pero tampoco sería justo concluir o resumir el libro como un libro triste. La historia entre Watanabe y Naoko es bella. Es una historia de lealtad, de amor verdadero más allá de los mal entendidos. Tampoco quisiera ningunear a Midori, una chica sensacional y espontánea. Su deliciosa excentricidad no puede pasar desapercibida para mí, rindiéndome tanto o más que con Naoko a sus encantos. Para mí, con su forma de vida, es la verdadera revelación del libro.

Gran parte del éxito del escritor japonés se debe a su capacidad de describir paisajes y situaciones oníricas. Y no culpo a la crítica. Es así. Sabe transmitir perfectamente el placer de sentirse resguardado ante la lluvia. De disfrutar de la llegada del otoño y de sus hojas marrones en el suelo. Escenas incluso, en las que me gustaría estar allí, con los protagonistas. Especialmente cuando Watanabe visita el sanatorio. Las noches en compañía de Reiko y Naoko fumando y bebiendo hasta altas horas. Tocar la guitarra y tumbarse para hablar de los viejos tiempos. Creo incluso que copiaré algún disco de Los Beatles en mi iPod para volver a escuchar por enésima vez Michelle.

El suicidio siempre me ha causado una tremenda tristeza, pero con la lectura de este libro creo que he llegado a comprender cosas que no entendía. Cosas como que no todas las vidas son fantásticas como en los anuncios de zumos. Que muchas personas que aparentemente viven en la normalidad, viven un infierno en su interior y que la falta de exteriorización les permite pasar desapercibidas ante nosotros. Pero llegado un día, toman la decisión valiente de quitarse de en medio. Digo valiente puesto que hay que serlo. Cobarde para tirar la toalla y rendirse, pero también valiente para reunir fuerzas y determinarse. Si además hay un componente amoroso como en el libro, aún resulta más triste.

A falta de cinco páginas para el final del libro, decidí –casi involuntariamente- parar de leer y dejar pasar una semana para terminarlo. La tristeza me invadía y necesitaba un respiro. Ayer que por fin lo terminé, me he demostrado que hice bien. Cuando te encuentras con demasiadas emociones no digeribles, una pausa siempre ayuda a reposar los sentimientos.

Con “Tokyo Blues” y “Cosas por las que llorar 100 veces”, cierro un final de verano marcado por dos obras bastante dolorosas. Obras que me permiten explorar el sufrimiento mediante las experiencias de otros. Demasiado creo. De alguna manera estos dos libros me han sumido en un estado de ánimo más bien bajo, y que unido al final del verano y la llegada de septiembre y el otoño, me han dejado bastante tocado. El principio de los colegios, retomar los proyectos laborales y la rutina del día a día, me devolverán la normalidad que tanto ansío y detesto. Contradicciones.

La adaptación cinematográfica del libro que vio la luz en 2010 parece interesante, pero aún con las heridas abiertas, dejaré pasar un tiempo antes de visionarla. Quizás con la llegada de la primavera reúna fuerzas y pueda verla. Pero ahora, después de un libro tan especial no encajaría bien una decepción.

Tags: , , ,