Berta Isla

BertaIslaNo puedo hablar de la trayectoria de Javier Marías solo por haber leido Berta Isla, su última novela, pero lo que sí puedo afirmar sin lugar a dudas es que no estamos ante un autor corriente. No estamos ante alguien que solo escribe libros; estamos ante alguien que escribe especial. Que te engulle en su escritura compleja y densa, que te sumerge en una narrativa deslumbrante para quien admira la lengua y la buena escritura. Lo que cuente, la historia que transcurre por las páginas de Berta Isla es empujado a un segundo plano. Es lo de menos diría. Lo que entusiasma es la forma, la prosa y el estilo clásico y también culto que rezuma un libro que habla de separación, de distancia y de introspección.

Prácticamente a nuestra protagonista no le ocurre nada en todo el libro. Vengo a decir que a pesar de la extensión de la novela, la vida de Berta Isla transcurre en su matrimonio sin apenas acontecimientos. Su marido, Tomás, es reclutado desde joven en los servicios secretos ingleses para desaparecer del matrimonio -y prácticamente del mundo- y ausentarse durante largas temporadas de su vida conyugal en Madrid. Lejos de sus hijos y mujer, y a las órdenes de la inteligencia militar británica que le obliga a guardar secreto de aquellos que hace y que no hace en sus viajes en misión clasificada.

A Tomás nadie lo reconocerá. Se transformará y viajará por el mundo con distintos nombres y apariencias, pero lo terrible que deba hacer para robar vidas para un bien común, las decisiones políticas que deba interceptar para evitar males mayores, nunca recibirán conocimiento ni persistencia en la historia. A efectos prácticos, Tomás no existe ni existirá. Pero a cambio, su vida será colmada de experiencias solo al alcance de unos pocos y de suficiente dinero para mantener a su familia desde la lejanía. Una familia que deberá afrontar la ausencia de pocos meses al principio y de doce años después. Esa es la historia de sufrimiento de Berta, y es de eso en realidad de lo que quiere el autor hablarnos.

Al terminar el libro tengo la sensación de haber atravesado una selva. De haber leído muchísimo y de haber estado prácticamente secuestrado por un libro que nunca terminaba y en el que apenas sucedían cosas. Cosas que contar me refiero. Pero a pesar de eso y cada vez que veo la enigmática cubierta de esa mujer soltando humo al fumar, concluyo que el viaje selvático ha merecido la pena. Que me ha aportado una visión nueva de la escritura; la de explicar cosas de forma lenta he incluso repetitiva pero con elegancia y sustancia. Que se puede uno perder escribiendo sin ser un necio y que el lector puede o debe saber valorar en el contexto. Javier tiene un estilo tan personal que no sabría compararlo con el de nadie que conozca. He descubierto que no hay nada como leer a alguien que escribe en su lengua materna con el corazón y que emplea esa lengua con el mayor dominio posible. Su puesto en la Real Academia Española es garante de su buen hacer, no cabe duda. Que la editorial sea Alfaguara tampoco es casualidad.

Outlast 2

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Tras varios años de espera Red Barrels por fin nos deleita con la segunda entrega de Outlast. Lejos queda aquel excelente juego y mejor DLC que prácticamente inauguro un nuevo género de terror en el mundo de los videojuegos. Outlast estrenó muchas de las mecánicas de juego que luego otros adoptarían; como esconderse dentro de armarios, correr por pasillos perseguidos por alguien monstruoso con muy malas intenciones o estrenar el terror en estado puro en un video juego. En la primera entrega además, ya vimos que Red Barrels no se anda con chiquitas, y si tiene que mostrar torturas, defenestraciones o miembros esparcidos por una habitación, en esta segunda entrega no iba a ser menos. Y así lo certifico yo aquí.

Antes de nada, Outlast 2 dista en varios aspectos de su primera entrega de forma notable. El sigilo no el sigilo ya apenas se utiliza; sí hay bidones y armarios donde esconderse pero apenas lo vamos a utilizar. Va a ser siempre más práctico salir por patas, pues en esta segunda entrega vamos a correr, y mucho. No sé cuántos kilómetros habré corrido sintiendo el aliento de una curandera empuñando un hacha en mi cogote, cuantas cuevas habré atravesado a cuatro patas sintiendo que un tipo esquelético trata de cogerme un pie. Y así multitud de escenas donde escapar es la táctica más fácil . También hay que reconocer que el juego te invita a hacerlo, máxime cuando hay escenas donde es obligatorio, pues a ritmo de violines chillando y sonidos guturales, vamos a tener que recorrer casas de madera en ruinas saltando, zigzageando o arrastrándonos como si fuera un room-scape.

Por otro lado, abandonamos los espacios cerrados de Outlast para prácticamente la totalidad del juego recorrer bosques, montañas o campos de maiz. Salvo las visitas esporádicas a capillas, pequeñas chozas o la parte final de la mina, siempre todo transcurrirá es espacios abiertos, lo cual realmente choca en un juego de terror, donde estamos acostumbrados a tener como misión escapar de algún sitio cerrado. Aquí tendremos que buscar a nuestra pareja fémina, que periodista ella y cámara yo, tratábamos de encontrar unos sucesos extraños en lo que parece un lugar muy en el centro profundo de Estados Unidos. Nuestro helicóptero en el que viajábamos, sufre una masiva avería en su motor y nos estampamos en la oscuridad rocosa. A partir de ahí, nuestra mujer desaparece y trataremos por todos los medios de encontrarla. Sí, argumento clásico donde lo haya.

Lo que nos encontremos en ese territorio desconocido, es oscuro y no solo por la carencia del astro rey, sino también por todo lo que vamos a ver: desde amuletos colgando a cruces, cabezas cortadas, tipos ahorcados, sangre y vísceras por todos lados. Y todo adornado con unas gentes que parecen estar poseídas por una fe sin parangón que les obliga a realizar todo tipo de ritos satánicos -por llamarles de alguna manera- , incluido el sacrificio de bebés.

El juego tiene una duración contenida, en mi caso unas 9 horas. Es más corto que la primera entrega, pero suficiente pues aunque los escenarios son variados, la historia no da para más. Desconozco si habrá DLCs, pero encajaría a la perfección, a sabiendas del gran trabajo que hicieron con The Whistleblower.

Y lo más destacable del juego es su apartado gráfico: espectacular. Hablamos de que todo transcurre en la mayoría de veces en la más absoluta oscuridad, y eso nos permitirá vislumbrar auténticos paisajes de luna llena, sombras al abrigo de antorchas o siluetas de hojas donde escondernos sin saber que estamos al borde de un precipicio. Las luces son increíbles, y sus juegos al atravesar rendijas son más que realistas. Las texturas no son gran cosa, pero tendremos que estar dispuestos a contemplar boquiabiertos naturalezas oníricas nunca vistas antes con tanto gusto artístico. Es realmente algo fuera de lo común. Hablamos de arte en estado puro en una concepción elaborada y bien ejecutada por maestros de la infografía.

El juego aunque no es un triple AAA, parece vestido de, pues cuando nos ponemos al mando, el jugador siente que se encuentra ante algo grande desde el minuto cero. Es una sensación creada gracias a las buenas cinemáticas de apertura, a la calidad del diseño artístico y especialmente a la atmósfera tan bien representada en la que nos veremos sumergidos. Si algo echo en falta en una banda sonora identificable y el doblaje. Cada vez más debemos tirar de subtítulos en muchos juegos de bajo presupuesto y aunque es razonablemente justificable, es un punto que los productores de videojuegos deben tener en cuenta. Poco o nada importa el nivel que yo pueda tener como para jugar en inglés, es una cuestión de mimo hacia el jugador. Los juegos no son especialmente baratos, y aunque Outlast 2 arrancó con un precio razonable de 39 euros, poco debería costar un doblaje regular.

Recupero ahora la olvidada costumbre de incluir aquí algunas capturas de estos momentos prácticamente mágicos que nos acompañarán entre susto y susto.

Segunda temporada de True detective

TrueDetective2La primera entrega de True Detective fue exquisita. Un portento de la televisión. Daba por hecho que superar ese listón era imposible. Inalcanzable. Y así ha sido: la segunda temporada ha sido muy buena, pero no excelente. Y eso que las interpretaciones brillan también a gran altura, pero creo que el guión o la trama no llenan. El final tampoco.

Para empezar voy a reconocer que nunca volveré a hablar mal de Vince Vaughn. Un actor que nunca ha sobresalido en el mundo del cine, aquí interpreta a un mafioso con algo de corazón pero con una ambición sin límites. Un tipo duro con mucha clase y buena lengua que trata de llevar sus negocios sucios de la mejor forma, compitiendo con los rusos y los mejicanos empujando fuerte. La trama es compleja hasta llegar a puntos que incluso han superado mi atención. Hasta ese nivel. Y ese es el punto donde creo que la segunda temporada ha fallado. Un guión demasiado barroco que incluso me temo hace aguas en algunos puntos donde lo retorcido supera el entendimiento.

Luego está Colin Farrell que hace también el papel de su vida, pero que por lo que sea lo tengo atravesado. Primero con bigote, luego con barba de una semana, luego afeitadico como un bebé… no entiendo a qué viene tanto cambio de imagen durante los capítulos. Se entendería que las penurias que atraviesas le minan el carácter, pero ni siquiera cronológicamente le veo motivos. Pero el hombre, ahí anda, con sus camisas vaqueras, sus tejanos apretadetes y el sombrero tejano. Al igual que en la primera temporada, aquí también respiraremos Estados Unidos en estado puro. Eso que dicen que hay entre Los Angeles y Nueva York.

Petróleo, corredores ferroviarios, casinos y mucho dinero en maletas. Los polis parece que no se enteran de nada, y los alcaldes corruptos campan a sus anchas con sus puros y bigotes. Y sus fulanas y sus whiskies. Pero es que la corrupción aquí no deja títere en pie, alcanzando con sus tentáculos a los capitostes del cuerpo de policía ante la atenta mirada de otra de las protagonistas: Rachel McAdams. Otra joya que ya descubrí encarnando papeles en La joya de mi familia, en Midnight in Paris o Spotlight. Gran actriz donde despliega todo su armamento en un papel que parece pensado por y para ella. Pero es que ya lo he dicho, aquí los actores se entregan en cuerpo y alma y contribuyen notablemente a que esta temporada se haya salvado de la ira de mi pluma -o de mi teclado-.

Y si la temporada arranca lenta y sosegada, conforme avanzamos llegamos incluso a sentir vértigo. Aquello que sucede cuando ves series y al terminar un capítulo, te giras y susurras ¿otro?. Y cuando creías que al final todo culminaría con un final apoteósico, van los guionistas y la cagan. Me dirijo a ellos, o quizá solamente a Nic Pizzolatto, ¿En serio no había otra manera de acabar con la vida de los personajes? ¿No había otra forma de terminar y rubricar con buen gusto un final para una serie que se lo merecía? En serio, ¿Qué tipo de final es ese a base de tiros en el bosque? Lo de escapar a Venezuela no ayuda nada, y acabar muriendo en el desierto por una chaqueta -vale, con diamantes en el bolsillo-, y dejar a tu mujer pelirroja abandonada tampoco. La verdad, de todos los finales, éstos son los que peor encajan.

Por descontado, si hay una tercera temporada, ahí estaré para ver qué son capaces de crear los dineros de Woody y Michael, pero parece que tras este pequeño tropezón, la tercera entrega apunta alto incluyendo al oscarizado Mahershala Ali y varios guiones bombazo. Cruzo los dedos.

The Walinkg Dead: La séptima temporada

TheWalkingDead7Dicen que no hay mayor desprecio que el no aprecio, y pensaba no escribir sobre la séptima temporada de The Walking Dead pues no merece ni un minuto más de mi preciado tiempo. Pero al final he pensado que sí merece la pena escribir sobre cómo una serie con gran empuje y mejor comienzo, puede llegar a terminar como una auténtica basura televisiva. Es un ejemplo de que no debemos ver televisión y series simplemente por el hecho de que entretienen, sino porque merecen la pena. Y créame amigo lector, llegados al punto al que hay llegado la serie de los caminantes, que no hay motivos para seguir viendo tanto horror y aburrimiento nunca más.

Con the Walking Dead inauguré la posibilidad de descartar una serie para volver a intentarlo pasado un tiempo. Y creó que acerté cuando dejé a medias la segunda temporada. Por aquel entonces me adormilaba el pasteleo amoroso de Rick con su mujer y tal. Luego además, la serie como en muchas temporadas que siguieron continuaba adoleciendo de un guión consistente y constante. Pero mira, luego resultó que no estaba tan mal y cogió algo de fuerza allá por la cuarta temporada. Y cuando llegó la quinta me detuve pues no me gusta ver series viviendo el día, o sea, esperando el capítulo de la semana. Así que hará un par de meses, retomé la sexta.

Esa sexta temporada fue muy regulera, pero aguanté. Y el comienzo de la séptima, ese primer capítulo que nadie olvidará por su animal violencia, no fue buen presagio de lo que nos esperaba. Total, que fuimos avanzando prácticamente sin que pasase nada durante cada capítulo. La idea de los guionistas imagino era la de sembrar el odio en tele-espectador para acumularlo sobre el malnacido de Negan cada minuto. Un tipo chungo chungo que chantajea a todos los poblados circundantes con el fin de obtener alimentos a cambio de no matarles. Bastante despreciable el tipo. Aquí reconozco que Jeffrey Dean se emplea a fondo, pero como algunos otros actores, siento que lo que hace delante de la pantalla no debe ser muy distinto a lo que hace fuera de ella. Es aquello de lo que adolecen algunos actores como lo de “Interpretarse así mismo”. No veo mucha diferencia en los gestos, la sonrisa y el humor entre el Jeffrey de The Good Wife y el de The Walking Dead. Y el tipo no me cae mal, que conste.

Por lo demás, nada: más de lo mismo. Sufrir y sufrir ante los no muertos para preparar la venganza contra el malo. Y luego resulta que el final no solo no es conclusivo sino que es patético, carente de lógica ni sorpresa y huele a quemado. Dieciséis capítulos nada más y nada menos hemos tenido que esperar para terminal igual que empezamos. Por favor, aquí y ahora, la serie de los no muertos ha tocado a su fin. No quiero saber nada más pues aquello que hizo grande a la serie y ya no lo reconozco en lo que he visto.

Sky Force

Sky-Force-AnniversaryEste mes de octubre, Sony ha tirado la casa por la ventana regalando tres grandes juegos a los que somos suscriptores de PSN: Amnesia, Metal Gear Solid 5 y Sky Force. Y si excepcionales son los dos primeros títulos -a los que aún no había jugado-, más lo es Sky Force. Un juego que ni conocía y que ha resultado ser la auténtica primicia de este mes.

Si hablamos de juegos y ya te afeitas desde hace unos buenos cuantos años, seguro que 1942 y 1944 te sonarán. Hablo del gran éxito de Capcom que minó nuestros recuerdos de infancia recreando la batalla naval y aérea de Midway. También el Terra Cresta nos acompañó durante aquella época, pero juraría que llegó algo más tarde. Ambos juegos comparten estilo de juego: movimiento vertical hacia arriba, y una nave o avión surcando los cielos mientras destroza avionetas, barcos y edificios.

Sky Force pasó desapercibido hasta que llegó este mes de octubre con PSN. Resulta que ya existía desde hace mucho tiempo, de hecho, la edición entregada es una Edición Aniversario en conmemoración de los 10 años que cumplió en 2014. Juego de disparos sin pausa al estilo 1942, aporta además un inventario de armas que podremos ir manejando, jefes finales muy salvajes y la posibilidad de salvar soldados en tierra. Todo ello con un aspecto gráfico y de arte sensacional y una banda sonora con mucho ritmo y suficientemente repetitiva para evocarnos melodías de 16 bits. Qué tiempos.

El juego consta de 9 niveles que podremos superar con relativa facilidad conforme vayamos mejorando el armamento de nuestra nave. No hablo de una avioneta, es una nave, y este hecho nos supondrá una superioridad de combate abrumadora en la mayoría de los casos. También podremos como he dicho ir mejorando sus armas y escudos, para poder ir consiguiendo cada una de las medallas que conforman cada nivel. Y cada nivel además, una vez conseguido completarlo, desbloquearemos un nivel extra de dificultad. Creo que hay tres niveles de dificultad y aumentan en dificultad hasta alcanzar momentos desquiciantes. Secretamente reconozco que me he rendido en varios hasta el punto de abandonar el juego hoy mismo. No por impotencia o insatisfacción, simplemente por desgaste. No negaré que el juego tiene un recorrido y una expectación más bien corta, pues más allá de disparar y correr de un lado a otro de la pantalla, no hay nada más. Y eso que además podemos jugar a dos jugadores en modo local. Pero debo reconocer que he disfrutado media docena de horas de auténtica diversión. Y además gratis. O casi.

The Turing Test

imagesThe Turing Test dicen los que no han jugado, que es un juego que se parece a Portal -imagino un juego con puertas que te transportan de un lugar a otro desatomizándote y volviéndote a atomizar en destino-. Yo no tengo ni idea, de hecho, creo que quizá tengan razón, pues la idea es ir superando niveles mediante la utilización de varios mecanismos que nos permitirán abrir una puerta que nos dejará pasar al siguiente nivel. La idea principal es utilizar el ingenio para que Ava, nuestra astronauta cautiva en una nave gigante llamada Europa, pueda escapar de una AI que controla todo. Él es Tom, que haciéndose amigo nuestro, desvelaremos que sus planes están programados para proteger a la tierra del milagro descubierto por los tripulantes: la vida eterna.

Lo primero que llama la atención del juego es el nombre. La cosa no tiene tanto misterio si nos acordamos del gran FÍSICO Alan Turing, padre de la teoría de la Habitación China. Una prueba mediante la cual demostraba que cualquier Inteligencia Artificial puede emular el comportamiento de un ser humano si se le programa adecuadamente. El caso es que lo que una AI no puede hacer es salirse de sus raíles. Aquello que no se le proporcione a la máquina, esa información que no se le de, la convertirá en algo insatisfactorio. Y el juego va de eso, de que nosotros como humanos -y jugadores- nos devanemos los sesos para improvisar e ingeniar la forma de utilizar el entorno de gorma imaginativa y superar cada nivel. La dificultad es media, y salvo el último nivel de todos -el jefe final que diría-, se pueden resolver meridianamente bien los niveles. Son bastantes, pero pasan a buen ritmo.

Mientras superamos puertas, Tom nos invitará a la reflexión con diálogos elocuentes y propuestas sobre la humanidad y las máquinas. La música relajante y los escenarios minimalistas nos acompañarán durante el juego para que las casi 10 horitas que me han llevado superar todas las habitaciones, se conviertan en un paseo.

La ambientación espacial está conseguida regularmente, pues apenas tomamos consciencia de lo que rodea la nave. Casi sin ventanas ni puertas al exterior, los creadores han convertido la nave en simplemente un decorado poco creíble pero funcional para su propósito. La trama que adereza nuestra particular aventura, tampoco no llega a convencer, por lo que suena más a excusa que a argumento. Eso sí, quien ha diseñado los niveles, necesita descansar y dejar el café. En definitiva, un viaje agradable para los casi 10 euritos que pagué.

Nic Pizzolatto

GalvestonImpulsado por la calidad de la primera temporada de True Detective, decidí saber más sobre quién era el motor de esta fantástica joya de la televisión. Detrás de las cámaras y poniendo cerebro, se encuentra Nic Pizzolatto, autor de varios trabajos y que se encargó en este caso de regar de buena gasolina las magistrales interpretaciones de Woody Harrelson y Matthew McConaughey. Una primera temporada insuperable que me arrastró a Galveston, la primera novela de Nic. Pero vayamos por partes.

Describir todo lo que emana de Nic es un buen ejercicio para desarrollar nuestro vocabulario: tabaco, cerveza, bourbon, humedad, sudor, pólvora, música country, rabia, deseo, oscuridad, dolor, dulzor, sangre, tripas, cocaína, marismas, pantanos, cuchillos, bigotes, perfume, sexo y calor. Y esto es así en cualquiera de los formatos que adquieran sus creaciones, en TV o en novela.

La primera temporada de True detective cuenta con un extraordinario tema de apertura de The Handsome Family: “Far from any road”. El dúo compuesto por el matrimonio country, interpreta una de sus obras cumbre para embriagar cada episodio con Louisiana en estado puro. Este tema forma parte del álbum Singing Bones compuesto en 2003, y es acompañado por unas imágenes de cabecera que resumen artística y excepcionalmente toda la temporada.

No pienso recrearme en el argumento ni las interpretaciones de esta primera true-detective-woody-harrelson-matthew-mcconaugheytemporada. Baste decir que pocas veces quedo tan prendado de una creación tan perfecta en todos sus aspectos. De la segunda temporada ya hablaré cuando la complete. Con solo dos capítulos no puedo formarme una idea, pero ya anticipo que HBO no nos defraudará. Dicen que no habrá tercera temporada. No me preocupa… que me quiten lo bailado.

Y llegamos al punto álgido donde pienso recrearme: Galveston. No tengo claro si es su única novela, ciertamente. Parece ser que sí, pero también hay una recopilación de relatos cortos que corre por ahí. Debo averiguarlo. Galveston es una novela desgarradora. Directamente. Llena de violencia y fracasos encadenados. Todo arranca con nuestro personaje; un tipo que se encarga de realizar trabajos sucios si le pagan bien. Es un matón, no cabe duda, pero también tiene corazón si buscas bien. Un socio le manda un trabajo que resulta ser una emboscada de la que sale con vida de milagro. En su huida rescata a una prostituta y juntos deciden huir lejos. Lo más lejos que les puedan llevar un puñado de dólares.

La relación entre nuestro protagonista y la fulana marcará todo el resto de la novela, donde descubriremos la vida de ambos uniendo fragmentos de dolor, fracaso y tristeza. La obra es esto, tal y como lo cuento. No busques más. Es en realidad un ejercicio de revisión interior donde cada personaje se abre en sincera relación para confesar su desgarrador pasado. No hay secretos entre dos desconocidos que deciden salvar sus vidas a la desesperada. Huyen no solo de quienes quisieron matarlos; huyen de sus propias vidas en busca de un futuro que nunca consiguieron encontrar allí donde habitaban.

Las páginas vuelan sobre mis dedos y mis ojos apenas pueden seguir el ritmo de mis emociones, que empujan y empujan atropelladamente a saber más en cada párrafo. Es un ritmo frenético y demoledor, donde cada página te reserva oscuridad y miedo. También esperanza no encontrada. Pero en definitivamente es una novela muy pura. Magistralmente escrita, Nic maneja el lenguaje como un muñeco roto bailando a ritmo country. La brutalidad de las agresiones es violenta y salvajemente escrita. El sexo es sucio y primitivo. Las vidas son tristes y desesperadas donde superar cada día es un reto. No hay oportunidad para nadie en Galveston.

Pizzolatto prácticamente ha inaugurado un estilo nuevo: no es policiaco, no es novela negra… es Nic.

Agua salada

AguaSalada“En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó” es la forma con la Charles Simmons decide arrastrarnos a leer su novela publicada en mayo de este mismo año por la editorial Errata Naturae. En la portada dos hombres nadan sobre aguas cristalinas para dar nombre al título de la novela “Agua Salada”. La obra asegura explorar todos los lazos de amor posibles en la vida humana y puedo constatar, que ahora que he cerrado el libro y escrito estas líneas, estoy convencido de que lo ha conseguido. En mi opinión no es una obra tan excelente como la celebran las críticas y tampoco creo que sea digna de comparación con autores de renombre, pero es cierto que hay algo poderoso en es fácil de reconocer desde las primeras páginas. Merece la pena prestarle atención.

Todo lo que pueda suceder en el libro, tiene un fondo marino y veraniego. Pasar un verano en la playa es algo mágico, y cuando esa magia se encuentra con el amor, suceden cosas asombrosas. Y Charles trata con buena pluma de trasladarnos al centro de la historia donde los paseos en velero, la luz de la luna reflejada en el mar, el calor nocturno y la arena fina, nos envuelve en la historia de un adolescente que descubre el amor. El autor no solo se limita a revelar los sentimientos del chico a través de la chica de la que se enamora, sino también a radiografiar la relación con su padre y su madre. Un amor incondicional y de auténtica admiración -casi devoción- por un padre que le sirve de modelo de vida y por una madre consumida por los celos matrimoniales y que trata de vivir a flote gracias a su hijo y por su hijo.

Y es en ese verano, que en la casa de la playa, una madre y su hija llegan a la casa de invitados. Ambas se encargarán de despertar todos los fantasmas y de revolver en la conciencia de la familia. Aquellos que les rodean, son testigos de unas vidas que se lanzan a los brazos del deseo meditado y que acabará por destruirles.

Basta decir que en apenas 170 páginas, el escritor consigue aunar todo aquello que nos mueve en lo tocante a lo emocional con gran maestría y condensación. Su estilo es directo, rápido y sin contemplaciones. Los sucesos te impactan en el pecho sin mediación para terminar con gran desgarro y salvajidad. Tiene mucho de drama, pero por encima de todo es una declaración de pasión adolescente y de traición dolorosa.

También me sorprende que la editorial permita la reproducción parcial o total de la obra siempre que no sea con propósito lucrativo. En contraposición a la mayoría de editoriales en las que no se permite absolutamente nada, Errata Naturae te ofrece algo que hasta ahora no había visto y me pregunto cómo el resto de editoriales encajan esta posición. Como lector comprendo que Errata abre las puertas al préstamo bibliotecario de pleno o incluso a su fotocopiado personal. Estoy perplejamente entusiasmado.

Sylvia

Sylvia_CelsoCastroEscrito de tú a tú, Celso Castro con un estilo muy personal nos sumerge en la sumisión del amor sin concesiones por alguien que no es correspondido. Pero también recorre el desamparo de la sociedad, los caminos del hastío intelectual y la sobreprotección de una madre. Un cócktel servido frío y con dolor.

Lo primero que me hizo torcer el gesto fue la falta de letras mayúsculas y signos de puntuación. Quizá la máquina de escribir de Celso estaba mutilada, desgarrada del sentido de la ortografía o simplemente el escritor es un cantamañanas. El caso es que el escritor brigantino no ha hecho más que entorpecer la lectura de quienes apenas podemos distinguir el final de una frase o el nombre de alguien, pues todo queda reducido a un magma de letras y eructos todo escrito a la carrera. Y no digo que le perdone tanta osadía, pero es verdad que Celso tiene buena prosa a pesar de todo. Buen léxico, mejor exploración del lenguaje y flirteos poetas, conforman una historia bien servida y rápida. Un libro de amor infantil con unas gotas de complejo de Edipo y cargado de mala maduración personal.

En apenas 120 páginas, el autor es capaz de ponernos en los zapatos de nuestro desgraciado personaje para sentir y llorar sus penas. Es incapaz de olvidar a Sylvia (fíjate, nombre propio con mayúscula), cuya mujer le supera en bastante en edad y en egoísmo. Ella va a lo suyo y reparte su amor entre nuestro protagonista y un poeta viejuno. Este hecho provocará lágrimas a mares y sufrimiento sin interrupción, pero orquestadamente para que también haya espacio para la felicidad y así la recaída sea más fuerte.

Realmente, un servidor puede llegar a sentir casi el mismo amor-odio por Sylvia que siente nuestro personaje. La transferencia de emociones se completa con éxito en tan pocas páginas, deseando incluso saber más. Se me antoja corto el libro aunque con este final abrupto, no es difícil anticipar más crueldad ajena.

Little Big Lies

LittleBigLiesEstrenando la suscripción de HBO este mes de septiembre, y prácticamente por puro azar, fui a parar a Little Big Lies. Si alguien se hubiera dignado en traducirlo, su atrevimiento vendría a ser algo así como “Pequeñas grande mentiras”. Aunque el argumento no parecía gran cosa, el elenco rebosaba de calidad, la ubicación geográfica resultaba estimulante y no lo vamos a negar… la música de apertura de la serie te atrapa sin remisión. Luego resulta que esta pasada semana, la serie ha arrasado y ha sido gran protagonista en los premios Emmy por lo que me reafirmo -no solo porque lo digan los críticos- en que estamos ante una miniserie de calidad.

Monterey es escenario de la historia de cinco familias encabezadas por también cinco mujeres que guardan un secreto. La serie de siete capítulos arranca en el escenario de un crimen donde no somos informados de quién es el desgraciado que ha dejado este mundo. Todo parece indicar que algo se fue de las manos en una fiesta de padres de alumnos y que aunque no volvamos al escenario del crimen hasta el último capítulo, algunas pinceladas entregadas con sabiduría a cuenta gotas en cada capítulo, nos llevarán a dudar hasta de un niño de 7 años.

Voy a aprovechar que se han entregado premios Emmy, para nombrar las bondades de la serie: para empezar Nicole Kidman: grandiosa. Como siempre, llena la pantalla en este caso como mujer maltratada. Por si fuera poco, Laura Dern nos regala sus sonrisas una vez más como madre de una hija que sufre agresiones en el colegio. Ambas se han llevado premio. Luego tenemos a Reese Whiterspoon que no se ha llevado premio a pesar de merecerlo. La artista encarna a una mujer implicada con la comunidad y nexo entre las protagonistas de la historia. Es el aceite que engrasa Monterey. También tenemos a su exmarido que ahora vive con una exótica profesora de yoga con el que comparte custodia de hijos. Y finalmente tenemos a la rarita que llega al pueblo con su hijo y con un oscuro pasado. Ésta es acogida en el seno “familiar” de la comunidad del colegio y aportará un tono gris entre tanto color y sofisticación. Porque si algo no falta, es gusto y vestuario elegante. También ha habido premio para eso.

Y el último premio se lo ha llevado la banda sonora. Imagino que no solo a la deliciosa pieza de sintonía de entrada de Michael Kiwanuka con su memorable Cold Little Heart. Es toda la serie la que irradia buena música. De hecho, es constante la alusión a algunos temazos que suenan a golpe de bluetooth en manos de adolescentes y niños. Es un gran trabajo.

También destacar el papel del maltratador encarnado por el sueco Alexander Skarsgård. Se ha llevado premio e imagino que bien merecido y no solo por su interpretación. A nadie le gustaría ponerse en los zapatos de alguien así.

En la entrega de los premios, los que subían a recoger las figuritas ya anunciaban que sería maravilloso contar con una segunda temporada. Y es que la verdad es que aquello que suele nacer como una miniserie, no suele terminar como tal. Si triunfa y funciona, productores y guionistas se las componen para seguir haciendo funcionar la maquinaria. A nosotros ya nos va bien, pues Little Big Lies se me ha hecho muy corta. Es lo que tiene lo breve, que siempre es dos veces bueno.